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Los éxitos y fracasos de Bravissimo, la heladería que pidió su quiebra

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Los éxitos y fracasos de Bravissimo, la heladería que pidió su quiebra

Algunos lo veían venir. Luego de 33 años, la heladería Bravissimo bajó la cortina de sus distintas sucursales ubicadas a lo largo del país.

Uno que lo vio venir fue el presidente del sindicato de trabajadores de la heladería, Luis Carreño, quien fue garzón por varios años de la sede Las Tranqueras. Debido a los constantes problemas que mantenían con la empresa, crearon un sindicato que reunió a más de 170 trabajadores de distintas sucursales, de un total de 2.497. Ellos, junto con ayudarse en los días sin laborar por la pandemia, hicieron tres demandas a las tres razones sociales que componen Bravissimo: Alimentos La Creme, Inversiones Estado 50 y Comercial Mediterráneo.

"Hay tres demandas, una a cada sociedad que compone a Bravissimo, por no pago de cotizaciones que ascienden a más de $2.000 millones. Fuera de ello, hay dos demandas más que son por bonos no pagados y no pago de los salarios en marzo", detalla el dirigente.

A pesar del escenario adverso en la empresa, Carreño recuerda que el grupo humano que se formaba dentro de los locales era casi familiar.

"Trabajar en Bravissimo era como estar en la casa de tu tía, donde a nosotros los garzones nos mandaban a comprar las cosas al supermercado. Luego, nos organizábamos y a través de cuotas comprábamos colaciones. Los locales que quedaron eran siempre familiares", cuenta.

Junto a este ambiente, también recuerda que había temporadas en que su sueldo era positivo.

"En verano te podías hacer entre $600.000 a $800.000 mensuales y había ocasiones en que era más. Pero por el hecho de ser una heladería y no un restaurante, las cuentas suelen ser mucho menores y, por lo tanto, las propinas eran más bajas", asegura Carreño.

La historia, las deudas

El Bravissimo partió en un local ubicado en el 1406 de Providencia, casi al llegar a Manuel Montt. La apuesta inicial de uno de sus fundadores, Guillermo Prieto Woters -hijo de Antonio Prieto, un reconocido cantante popular de los 70' y 80'- fue una heladería orientada a un público joven con pantallas de televisión en que se veían videoclips, en una época en que los programas de música lideraban en sintonía.

La estacionalidad del negocio de los helados, cuyo consumo cae mucho en invierno, hizo que los inicios del negocio no fuera todo lo exitoso que esperaban sus dueños, por lo que tuvieron que ampliar su carta con sándwiches, pasteles, hamburguesas y opciones para el desayuno y el almuerzo, a fin de sostener la demanda todo el año. Entonces el negocio prendió.

Guillermo Prieto identificó un hito que marcó el despegue, según contó a "Pulso" en marzo de 2012.

"El lanzamiento del helado de merengue lúcuma nos disparó y nos hizo famosos, la gente venía de todas partes a probarlo", dijo.

Otro puntal de la cadena, cuyo otro dueño era al fallecido Julio César Inostroza, era que los helados se elaboraban en cada local y no de modo centralizado, como lo hace la competencia. Para 2012 la heladería estaba en la cumbre, con 40 locales, ventas anuales por US$40 millones y planes de expansión a otros países de Latinoamérica. La idea sólo quedó en planes, porque la incorporación en los años siguientes de nueva competencia, chilena y extranjera, impactó las ventas, a lo que se sumó la baja rentabilidad de algunos locales de poco flujo.

En 201 6, según dio a conocer "Diario Financiero", la cadena no llegó a acuerdo con Cencosud y retiró sus locales del Alto Las Condes y del Portal Ñuñoa. Un poco antes ya había salido del Portal La Dehesa. En agosto de 201 9, según contó el mismo periódico, la cadena estaba buscando un nuevo socio para obtener recursos frescos, pero los interesados pedían que se hiciera una reorganización judicial, proceso previo a la quiebra en que una empresa acuerda nuevas condiciones de pago con sus acreedores. Entre ellos estaban el Banco Santander, con un crédito por $964 millones, según consigna "La Segunda"; Leasing Patagonia y Scotiabank, cada uno con un crédito por $722 millones. A eso se agregan los 2.479 trabajadores con quienes la empresa tiene deudas salariales por $172 millones y de cotizaciones previsionales por $1.654 millones, según la misma fuente. Eso más un juicio de la SCD por no pagar el uso de música en sus locales.

"Efectivamente hay juicios por deuda de pago de derechos que datan de junio de 2018. Al no haber voluntad de pago, se procedió a demandar en el primer semestre de 2019 sin que haya a la fecha pago alguno", señalaron en la SCD.

En una estimación global, los pasivos ascienden a $11.000 millones, con juicios con Cencosud y Primus Capital por no pago de arriendos. En ese escenario la cadena enfrentó la crisis social de 2019 y, en 2020, el cierre por siete meses de sus locales. El martes, según contó DF este miércoles, la controladora de la cadena, Alimentos La Creme Limitada, solicitó la quiebra al Quinto Juzgado Civil de Santiago.

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