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Luis Musrri: "Si no fuera por Alejandra, estaría viviendo debajo de un puente"

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Luis Musrri

A penas cortó todo vínculo con Independiente de Cauquenes, a fines de septiembre, por diferencias con el presidente de la institución, Luis Musrri (50 años) pasó por Peñaflor para visitar a sus padres. El principal objetivo era ver a don Luis, su padre, quien enfermó de Covid-19 en julio. "Está súper bien. Son porfiados los viejos, pero en verdad está bien y eso que es diabético. Ya está trabajando. Siempre fue así", dice el ex jugador y capitán de Universidad de Chile.

Luego de pasar por sus tierras continuó el viaje hacia La Serena, donde está radicado desde 2012, junto a su esposa Alejandra y a su hijo Javier, que este miércoles cumplió 23 años. También los acompaña su hija Catalina, de 25, quien se casó y, después de terminar su carrera de Biología Marina en la Católica de Norte, viajó a Australia para continuar con sus estudios. "Ella ya está casada. Sufrimos ene cuando partió, pero se tuvo que venir por el tema del Covid-19. Alcanzó a tomar el último vuelo a Chile, así que se ha mantenido con clases telemáticas. Uno asume que están grandes, pero se sufre mucho. Ya están bien los dos acá. Javier dejó el fútbol y está trabajando", cuenta el hombre que más vistió la camiseta de la U: 540 partidos oficiales.

Musrri está a la espera de nuevas oportunidades de trabajo: "Ahora terminé unos cursos de liderazgo y estoy pronto a dar charlas gracias a un amigo. Estar lejos de Santiago te quita las opciones de volver a dirigir, pero estoy actualizado en todo y espero que luego salga algo".

-¿Fue una decisión difícil dejar Santiago?
-A mi familia le encantó cuando surgió la idea de venirnos. A mí me contrató Coquimbo y ahí nos vinimos. Me encanta estar acá en La Serena. Es una ciudad ideal para vivir, pero te quita otras cosas. Familiarmente estamos bien.

-Económicamente, ¿Cómo se encuentra?
-Mira, no me puedo quejar. Tampoco nos sobra el dinero. En el verano arrendamos los departamentos que tenemos acá, aunque con esto del Covid-19 las cosas no se ven tan auspiciosas. Pero sí, obvio que uno junta. Tampoco tuve una vida de tantos lujos cuando era jugador. No me gustaba ostentar. Lo que echo de menos es poder viajar. Eso es algo que nos gustaba hacer a menudo, pero toca ajustarse. Tengo fe en que vendrán momentos mejores.

-¿Qué pasó con los caballos de carrera y las discotecas?
-La pandemia ha dado para reflexionar en muchas cosas. Y en eso me di cuenta de que cometí varios errores. El tema de las discotecas, una que tuve en Peñaflor y la Havana Salsa, no fueron buenas decisiones. Después de que se quemó la Havana Salsa debí dejarlo. No tenía seguro. Debí vender. Las Gárgolas fue otra disco y tampoco seguí. Y los caballos de carrera era una linda afición, pero muy costosa. Además que ahí tuve problemas con unos familiares, así que las discos y los caballitos son parte del pasado. Lo mío es el fútbol. Ojalá tener algo relacionado con lo que más me gusta, tanto entrenar como en las comunicaciones.

-¿Y cómo va todo en casa?
-Con Alejandra vamos a cumplir 27 años de casados, el 5 de febrero. Son 32 en total desde que comenzamos a pololear. Me casé justo el año en que fue campeón la U, en 1994. Así que el matrimonio llegó con la marraqueta bajo el brazo. Y mi hija también, porque estaba en la guatita de su mamá cuando alzamos la copa, después de 25 años en que la U no conseguía ganar un campeonato: mi gran felicidad como futbolista. Hasta un libro hicimos: "25 años esperamos". Se imprimieron dos mil ejemplares y ahora no quedan, pero estamos viendo.

-¿El libro habla solo de ese equipo de 1994?
-Sí. Y obviamente está dedicado a los años que pasaron, incluyendo el paso por Segunda División, hasta que se consiguió levantar la copa ante Cobresal en El Salvador.

-A propósito de El Salvador, donde dirigió varias temporadas, alguna vez le escuché decir que es el lugar ideal para pagar los pecados. ¿Por qué lo dijo?
-Que no se malentienda, porque tengo mucho cariño por la gente de allá y del club. Lo que dije fue porque estaba solo. No tiene mall la ciudad, poco dónde ir. Es un campamento minero. Entonces vivir esa realidad me sirvió bastante, sobre todo después de un desliz que provocó mi separación con mi mujer.

-Estuvo separado.
-Si no fuera por Alejandra, estaría viviendo debajo de un puente. Supimos salir adelante. Estamos bien ahora, pero como todos vivimos altos y bajos. Gracias a ella, porque fue la que sostuvo nuestro matrimonio. Tengo un hijo de 9 años, que se llama Luis y que vive en Iquique. Es mi hijo y mi familia lo aceptó. No soy de andar hablando de mi vida privada, pero creo que es sano reconocer las cosas. Hemos sabido enfrentar las dificultades.

-Ahora se entiende eso de vivir en El Salvador.
-Pero todo bien. Estamos bien y mis hijos también. Mi familia en general está bien. Ahora no hallo la hora de ser abuelo, pero Catalina está en lo suyo y Javier también. El más chico es un niño todavía. Esta pandemia sirvió para reflexionar en muchos aspectos. Por ahora espero volver a lo mío, tanto en un club como en las escuelas de fútbol, obvio que de la U.

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