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Kike Acuña ayuda a su polola Daniela Urbina a vender empanadas de horno

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Kike Acuña y Daniela Urbina
Jorge Acuña (41), más conocido como Kike Acuña, se apura en buscar leña para echarle a la salamandra, porque se avecina un aguacero como hace tiempo no ocurre en el camino a Putaendo, a siete kilómetros de San Felipe, donde vive en una parcela junto a su polola, Daniela Urbina (26), y al hijo de ambos que el próximo 16 de de junio cumplirá siete meses.

El entrenador de la Sub 17 de San Felipe, ex jugador de Universidad Católica y el Feyenoord de Holanda, tendrá que reunir más madera de la habitual, la suficiente para alimentar el horno de barro que tiene en el terreno de diez mil metros cuadrados, propiedad de su suegra, Nancy Saavedra. "Nosotros tenemos un terrenito atrás, donde nos hicimos una casa", explica.

Los tres se darán a la tarea de amasar y hacer el pino para unas trescientas a cuatrocientas empanadas que pretenden vender por Instagram y Facebook durante el fin de semana, aunque también pondrán un cartel en el portón de entrada para las personas que vayan pasando. El emprendimiento se llama "Kikito", en honor a su retoño que lleva por nombre Kike Acuña Urbina.

"Las empanadas las hacen mi polola y mi suegra. Son de pino. Algunos las piden con pasas, con ají y sin ají. También hay chaparritas", informa.

"También iba a poner una verdulería en la casa, pero voy a esperar unas semanas. La tenía lista, pero ahora cuesta ir a comprar. Cumpa, te hablo después porque estoy mudando a Kikito, ¿vale?", propone.

"Ya, compañero, ahora sí. Apoyo a mi polola en todo. Nos ha ido bien. Nos están encargando empanadas desde el miércoles. Mi función es cuidar a mi hijo para que ellas puedan trabajar, pero también soy el encargado de repartirlas, porque son a domicilio", subraya.

"Tenemos un horno grande, de campo, por lo que las empanadas tienen un sabor diferente. Vamos a patentar la marca 'Empanadas Kikito'. Queremos crecer y ojalá transformarnos en los mejores del valle del Aconcagua", asegura.

-Su hijo le demanda harto tiempo, parece.
-A Kikito le doy la comida, lo mudo, le acabo de lavar el poto. Hago todo con mi hijo. Estoy realmente feliz. La vida me ha cambiado mucho desde que nació Kikito, pero cuando te enfocas en lo que te gusta, que es el fútbol y mi familia, la vida cambia. Dejé los excesos, lo que fue fundamental. Te puedo decir que estoy feliz, tranquilo y en paz.

-¿Por qué se pondrá a hacer empanadas con su familia?
-Es una búsqueda de una actividad para Daniela, porque quiero que se dedique solamente a cuidar a mi hijo. Tengo mi sueldo acá en San Felipe. Estoy tranquilo, no necesito nada más. Obviamente, nunca vienen mal unas luquitas extras. La verdulería también la queremos hacer acá en la casa. Así ella no tendrá que salir a trabajar a ningún lado. Ella es ingeniera agrónoma y prevencionista de riesgos. También estuvimos trabajando de contratistas agrícolas. Siempre andamos buscando cosas nuevas.

-¿Ella ha sido clave en su nueva etapa?
-Ha sido muy importante para mí, porque estuvo en el peor momento de mi vida. Daniela me soportó, me aguantó. La conocí acá en San Felipe, cuando ella tenía 20 años. Nos separamos una vez, pero lo importante es que ahora estamos juntos, con nuestro hijo.

Acuña espera terminar, a fin de año, el curso para entrenador en el INAF. Además, en el corto plazo, comenzará a dictar charlas sobre su experiencia en el fútbol, en el marco de un programa de educación financiera para jóvenes futbolistas y público en general, según dijo.

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