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Pinilla cuenta cómo convenció a sus hijos de mudarse por última vez
Hace un año, Mauricio Pinilla tomó la decisión de dejar a su esposa Gissella Gallardo y sus tres hijos, Agustina (14), Matilde (9) y Mauricio junior (7) en Santiago e irse solo a Coquimbo para seguir su carrera como futbolista. "Mover a los niños de su entorno, de su colegio, es difícil. No quiero alterar eso, me gustaría darles la estabilidad que no pude entregarles en Europa", comentó entonces el delantero.

Pinigol vivió todo el año 2019 solo en un departamento frente al mar en Las Tacas y, aunque recibía visitas regulares de su familia, la lejanía se tornó insostenible. "Fue complejo. Mi señora viajaba todas las semanas a verme, los niños de jueves a domingo. Era muy cansador. Fue una rutina muy distinta a la que teníamos antes y nos extrañábamos mucho. Por eso, cuando tomamos la decisión de renovar con Coquimbo Unido también significó venirnos acá como familia, juntos", dice el delantero.

-¿Ya encontraron casa, Mauricio?
-Sí, estamos instalados hace cuatro días, en Coquimbo. Todavía estamos amoblándola y resolviendo el tema del colegio de los niños. Por suerte ya encontramos uno donde pueden ir los tres y mantener el inglés, tal como en Santiago. Es un sacrificio grande para nosotros porque significa sacarlos de su zona de confort, de lo habitual. Además, yo les había prometido que no los iba a cambiar más de casa y colegio.

-¿Cómo fue esa conversación con sus hijos?
-Lo conversamos en las vacaciones. Les dije: "Niños, tenemos que decidir qué vamos a hacer como familia. ¿Quieren que esté más con ustedes o que siga jugando?". Coincidimos en continuar mi carrera y recién ahí nos pusimos a escuchar ofertas. La Mati y Mauri se lo tomaron bien porque son más chicos, les cuesta menos adaptarse. Pero con Agus, la de 14 años, fue más complejo. Afortunadamente ahora está más tranquila.

-¿Cómo logró convencer a su hija mayor?
-Más que convencerla fue explicarle que eran los últimos años del papá como futbolista y que era importante estar unidos como familia. Moverse no era lo ideal, pero las circunstancias se dieron así. De a poquito fue entendiendo que había que hacer un último sacrificio.

-Su esposa está recién empezando con una marca de ropa. ¿Para ella no fue complicado este cambio?
-No, porque estamos cerca de Santiago igual. Gissella puede ir manejando sus tiempos. Y yo puedo hacerme cargo de los niños para que ella siga con sus desafíos personales.

-¿Qué siente al ver el sacrificio que hace su familia por usted?
-Estoy agradecido. Siento que este cambio nos va a ayudar, nos va a acercar. Nos va a servir para recuperar el tiempo perdido el año pasado.

-Coquimbo es un lugar tranquilo para vivir, además.
-Sí, es lo que me dice todo el mundo. Que los niños van a estar felices, se van a dar cuenta que es rico vivir acá, sin contaminación, con un ritmo más tranquilo. En Santiago andábamos a mil por hora, con trámites, compromisos, etcétera. Ahora vamos a poder volver a un ritmo como el que teníamos en Europa, más que nada familian Nos hará bien estar juntos nuevamente y preocuparnos de nosotros mismos.

-En una de esas se quedan para siempre ahí.
-No sé, uno nunca sabe, jajajá. Es difícil porque tenemos todas nuestras cosas en Santiago, pero seguramente esta experiencia en Coquimbo la vamos a recordar por siempre.

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