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La doctora en Filosofía Diana Aurenque participará en el Congreso Futuro
Diana Aurenque, doctora en Filosofía de la Universidad Albert-Ludwigs, de Friburgo, Alemania, y vicedecana de Investigación y Postgrado en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile, hablará en el Congreso Futuro sobre el gran terror de la humanidad: la muerte.

Asegura que reflexionar sobre ella, más allá de las religiones, puede darle otro sentido a la existencia y se pregunta si es correcto que le medicina procure siempre prolongar la vida.

-¿Por qué hay que meditar sobre la muerte?
-La meditación sobre la muerte nos permite adentrarnos un poquito más en lo que nos caracteriza como seres humanos, en nuestra esencia: somos seres finitos, seres con posibilidades que son finitas y de las cuales tenemos que hacernos cargo. El hecho de que tengamos una sola vida, y que no sea eterna, hace que nuestras decisiones tengan un peso importante. Existe una especie de acuerdo entre los filósofos acerca de que uno de los rasgos más fundamentales del ser humano es que es finito y que al mismo tiempo es consciente de eso. Las plantas y los animales también son finitos, pero uno podría preguntarse si tienen o no conciencia de la muerte. Meditar sobre algo que no es tan placentero, como la muerte, nos permite tener conciencia de lo que somos, responsabilizarnos y tener más libertad también.

-¿Cómo?
-Podemos decir que desde que nacemos empezamos a morir. Por lo tanto, cada decisión que tomamos, cada proyecto vital, lo que deseamos estudiar, lo que deseamos no estudiar, abre unos caminos y cierra otros. Esa conciencia de que no tengo tres o cuatro vidas hace que cada una de las decisiones tenga más peso. Si yo tuviera una vida eterna, podría tomar todas las decisiones posibles. Entonces, cada vez que uno toma una decisión, tiene que estar muy consciente de que el camino elegido tiene ciertas consecuencias.

-¿Cómo una persona común, que seguramente le tiene miedo a la muerte y que lo más probable es que sea religiosa, puede llegar a hacer esta reflexión?
-Este extrasentido de que hay otros más allá, que ofrecen algunas religiones, son explicaciones terapéuticas para poder llevar una vida terrenal. No diría si son buenas o malas explicaciones. Creo que a las personas hay cosas que les hacen sentido. El miedo a la muerte es de lo más antiguo. Uno le teme a la muerte, porque es algo absolutamente desconocido. Uno conoce la muerte a través de la muerte de los otros. Si uno sigue visiones teológicas o religiosas, podría decir que la muerte es una transición para otro estado. Las religiones tienen esa función un poco terapéutica en la vida de las personas. La verdad no es muy agradable saber que uno es finito, porque las posibilidades del mundo son interesantes. Qué ganas de recorrer todos los mundos, todos los planetas, de ver cómo hemos avanzado para llegar donde estamos. Nuestro tiempo es chiquitito, es corto, y el mundo sigue sin nosotros. Como que somos irrelevantes. Eso da una suerte de impotencia. Para mí la religión es una estrategia terapéutica para llevar la muerte.

-¿Hay otras?
-Sí, también terapéuticas, que regala la filosofía. Si uno es muy consciente de lo breve que es la vida, la vida se hace significativa. Uno ya no ve la vida como un espectador, sino que se da cuenta de que es protagonista todo el tiempo, en el ámbito laboral, en el ámbito amoroso... Si uno se olvida de que hay un más allá que reconforta el hecho de que vamos a morir, si uno está consciente del más acá, la vida en la tierra va a ser muy significativa. Eso quiere decir darlo todo en cualquier ámbito.

-¿Para reflexionar sobre la muerte hay que desprenderse de la religión?
- Muchas religiones tienen esta idea de que hay una trascendencia, de que el ser humano, luego de morir, trasciende. Lo interesante es que la idea de la trascendencia, a nosotros, los seres humanos, nos es muy importante y la religión ha capitalizado eso de una manera muy exitosa, pero no necesitamos la religión para lograrla. Los seres humanos, desde siempre, trascienden biológicamente, se reproducen, tienen hijos, tienen historias, familias, y hay tradiciones que se van heredando. Otra trascendencia, que la hemos desarrollado sin la dependencia de la religión, es la cultural. Los seres humanos trascienden por las obras. La idea de la trascendencia permite un consuelo ante la idea de que vamos a morir. La trascendencia es legítima, pero hay otras vías, distintas a la religión. La trascendencia a nivel de las obras y la trascendencia a nivel católico son formas terapéuticas de llevar la existencia.

-Da la sensación de que el concepto "terapéutico" alude a un paliativo.
-En el caso religioso, uno podría decir que es un narcótico, una anestesia, mientras que el otro es una terapia que realmente ataca las causas del problema.

-¿Qué pasa con la eutanasia?
-La medicina, históricamente, tenía la tarea de retrasar la muerte y ahora, la idea de que ayude a morir o de que adelante la muerte parece extraña. Como que los médicos nos van a terminar matando. Esa idea a mucha gente le da susto. Cada vez vivimos más, pero eso no significa que vivamos mejor. Uno de los principios importantes en la medicina contemporánea, que debe regir el quehacer de los médicos, no es solamente cuidar la salud y evitar las enfermedades, sino que también respetar la autonomía de las personas. Es uno de los principios de la ética médica de los años 70 en adelante. Eso significa que si una persona, por ejemplo, no quiere un tratamiento, a pesar de que no someterse a él puede derivar en la muerte, el médico debe respetar eso. En el caso de la muerte es lo mismo. Si una persona decide, con plena conciencia, de que la forma en la que está viviendo no es la forma en que desea vivir, la idea de la eutanasia es permitirle hacer algo que ella no puede hacer por sí misma.

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