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Tere Undurraga fabrica su propio gin
Casi en esta misma fecha, pero en 201 6, Teresa Undurraga firmó la venta de la que consideraba su hija: la clásica heladería El Emporio La Rosa pasó a manos de la familia Bofill, controladora de Carozzi.

Tres años después, la empresaria despachó el primer pedido de su nueva creación: dos variedades de gin llamadas Franklin #1 y Los Andes #1, fabricados en su destilería Quintal a partir de varios cereales, entre ellos maíz y cebada, con aromas obtenidos de la mezcla de hierbas nativas.

"Franklin #1 tiene una mezcla con chachacoma, romero, mate, boldo, laurel y eucaliptus. Es un gin ideal para tomar dry Martini o cocteles como el negroni, es de gran carácter. Mientras que el gin Los Andes #1 es un doble destilado con botánicos nativos mayoritariamente de los Andes como cedrón, huacatay y rica rica, que lo hacen ideal para un gin tonic", explica sobre estos productos, que trabajó junto a Mauricio Silva, ex gerente de Producción del Emporio.

Montar esta empresa le tomó tres años e incluyó viajes a Brooklyn, Estados Unidos, para conocer los procesos de destilación y estudios de botánica. Se instaló en Franklin 741, casi con Santa Rosa, un antiguo galpón donde funcionaba el laboratorio Sanitas. Allí están las oficinas, la bodega y, próximamente, la sala de venta, aunque ya se puede visitar el lugar para comprar.

La meta no es sólo dedicarse al gin. También tiene planeado hacer chocolates altos en cacao con componentes botánicos y sin azúcar y hasta refrescos con hierbas. En el galpón estarán también otros emprendimientos como Daniel's Bakery, los encurtidos By María o la zapatería Camille, entre otros.

-¿Por qué el gin?
-Porque tiene mucho potencial. Ha habido un despertar en los últimos cinco años en el mundo entero. En Chile no se consume mucho, pero el año pasado la venta creció 50% y se viene un crecimiento importante. Es un licor muy dúctil, que permite obtener diferentes aromas y sabores con hierbas nativas que lo llenan de una identidad local. Ya viví la experiencia de los helados al hacer, por ejemplo, limón con menta y albahaca. Mezclé mucha fruta con botánicos. Ahora la prioridad es seguir desarrollando licores bajo este concepto.

-¿Qué se siente sacar el primer producto?
-Es demasiado emocionante porque ha sido un parto. Despachamos el jueves (26) a La Vinoteca, donde la botella se vende a $14.990 en tiendas y por call center, y estamos negociando con Cornershop y supermercados porque queremos que sea fácil encontrarlo. También lo vendemos en nuestra cuenta de Instagram (@destiladosquintal). No queremos ser un gin que la gente regale para los matrimonios, sino que lo lleve para sus carretes, lo disfrute y compre 20 veces si quiere.

-¿Cuándo es buen momento para un gin?
-Todos. Hay que confiar en el estómago de uno. Si quieres tomar un aperitivo a las 12 del día o carretear, es tu decisión. Es un trago igual de versátil que el vodka, el pisco y el whisky, sirve como combinado o cóctel. Trato de no enredar esto con términos doctos, porque la mayor ganancia de los productos gastronómicos es si te gusta o no. El vino, por ejemplo, se complejizó demasiado, que tal cepa es para los entendidos, que tal otra para tal cosa...

-El del gin parece ser un mundo masculino.
-Me ha dado harto nervio esa parte, porque el mundo del licor está bien asociado a lo de niñito hombre. De hecho, me la jugué con una etiqueta en que soy yo misma empuñando una botella como woman power , pero no en el sentido de la guerra de los sexos, sino que hay algo en la alquimia, en las pócimas, que considero que es súper femenino. Pero entiendo que tengo que tener reuniones con hombres y espero estén a la altura de los tiempos y tengan curiosidad por un gin local.

Según cuenta, el mundo en el que está entrando no le es ajeno.

"Es un desafío que llevo en la sangre. Mi abuelo era dueño de la viña Undurraga, tengo primos enólogos y tíos con otros vinos. Mi ligazón al mundo del alcohol es demasiado natural y por lo mismo siento que no tengo que dar muchas explicaciones. Les pido a los consumidores que dejen que sus estómagos hablen y al mundo de la empresa, un voto de confianza. Así como nos sentimos orgullosos hoy de los aguardientes y piscos, espero que se sienta lo mismo con nuestro gin", comenta.

"Este es un barrio industrial"

"Le voy a traer unas botellas de gin para que pueda probar y vender", le dice Teresa Undurraga al locatario de El Parrón, la picada de la esquina de Santa Rosa con Franklin donde va a diario a comer una enjundiosa cazuela.

"Eso es lo que quiero, que el gin se pueda tomar en cualquier lado, que las personas lo conozcan", comenta mientras busca una mesa donde sentarse en el lugar que escogió como centro de operaciones.

"Estamos armando un espacio al mundo de oficios relacionados entre sí o complementarios, donde nosotros como artesanos podamos compartir lo que significa el emprendimiento. Este es un barrio industrial donde solo hay personas de trabajo. No hay millonarios ni grandes empresas, sino talleres de fabricación que trabajan de lunes a lunes", detalla.

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