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Quienes se informan principalmente por redes sociales tienen una baja de ánimo relevante
Si me dijeras que las redes sociales se están usando para conversar, para discutir, para deliberar, sería maravilloso, pero mi experiencia es que la deliberación en redes sociales es casi nula", afirma Daniel Halpern, doctor en Comunicaciones de la Universidad de Rutgers, Estados Unidos, y académico de la Universidad Católica.

Los mensajes en internet están más al lado de la exaltación que de la reflexión y conviene estar al tanto, primero, de cómo nacen. "El discurso es altamente emocional y la razón de eso es que se basa en imágenes y en frases incendarias, puestas allí para obtener una mayor cantidad de atención por parte de los usuarios. Así prenden las redes sociales. Mientras más atención provoca un mensaje, más aparece y mayor es el placer cuando ves que mucha gente te está comentando, te está retuiteando, te está poniendo corazoncitos, likes", opina.

Habla de "incentivos perversos" para usar redes sociales. "Mientras más emocional e incendiario es el mensaje, más atención obtienes de los demás y así mayor visibilidad alcanzas. Los estudios indican que esa mayor visibilidad genera más dopamina, más placer, y después la persona intenta satisfacerlo", asegura. Entonces se transforma en un vicio.

Altamente emocional y controversial, en el sentido de que deja indiferentes a muy pocos. Así es el mensaje de redes sociales, al menos en la mayoría de los casos, dice Halpern. "Te obliga a tener una opinión". A eso hay que agregarle otras características que completan un cóctel que puede ser peligroso. "Las redes sociales polarizan mucho la sociedad. Te dan la sensación de anonimato, de que no te ven. Te disocian de las consecuencias, como que si digo algo no me va a pasar nada. No veo al otro ni lo que le pasa, por lo tanto me atrevo a decir mas cosas. Si yo viera cómo cambia su cara por el insulto que le estoy tirando, me regularía, pero eso no pasa", explica. Si cuesta tener empatía en el mundo real, ni hablar en internet.

Además, el mensaje incendiario amerita otro más incendiario de vuelta y así se genera un espiral violento.

Halpern agrega otro dato: "Las personas que se informan principal- mente por redes socia es tienen una baja de ánimo relevante. Perciben que el mundo es muy negativo, producto de las noticias que ven ahí. La información que alcanza notoriedad en redes sociales es altamente emocional, en su mayoría negativa, porque lo negativo tiene muchos más likes, va perjudicando tu visión de mundo y te deja más cansado, más deprimido, sin ser depresión. Te hace ver la vida más negativa". Quizás a muchas personas les está pasando esto.

"¿Cómo uno sabe que estar expuesto a redes sociales baja tu estado de ánimo y te hace ver la realidad más negativa?" , pregunta Halpern y responde con un ejemplo. "Imaginemos que ves cualquier noticia de contingencia. Ahora imaginemos que, en vez de ver la noticia, ves los comentarios sobre la noticia. ¿Cómo son esos comentarios? La mayoría de las veces son negativos, confrontacionales y buscan, más que una discusión, más que una verdad, demostrar que el otro está equivocado. ¿Cómo sería tu visión de mundo si aprendieras que la realidad no es en base a la noticia, sino más bien sobre los comentarios de esa noticia? Sería negativa", asegura. "Eso es lo que está pasando un poco. Como que creemos que no vamos para ninguna parte, que el país está perdido, por así decirlo, porque estamos viendo la realidad a través de los comentarios de redes sociales", asegura.

Cuenta que los medios tradicionales, por lo general, ofrecen una narrativa o "storytelling", que les permite a las personas entender el sentido de lo que está pasando. "En las redes sociales gran parte de los mensajes son emocionales, de gran impacto. Con 140 o 200 caracteres, con el video, yo veo solamente fragmentos y me pierdo la narrativa. No entiendo lo que está pasando". Eso dice, genera incertidumbre.

Por eso recomienda tratar de reducir lo que más se pueda la exposición a las redes sociales, sobre todo en temas de contingencia, o abrirse al menos a un medio tradicional, para comprender el sentido de lo que está pasando.

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