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Profesor U. de Chile propone usar la rotonda para terminar congestión en Plaza Italia
Una solución a los problemas de tránsito que se viven diariamente en Plaza Italia, donde hace tres semanas no funcionan los semáforos, sería poner en uso la rotonda que existe en a zona, para mejorar el flujo vehicular que proviene desde Vicuña Mackenna al norte (ver ilustración).

Tanto peatones como automovilistas que diariamente tienen que transitar por las intersecciones del sector deben hacer malabares para sortear la situación, en un lugar donde a ciertas horas se provocan candados de tráfico (los vehículos se bloquean entre sí y nadie pasa).

Por ello, el ingeniero en transportes Ariel López, magíster en Urbanismo y académico de la U. de Chile, plantea como solución que el flujo de autos que viene por Vicuña Mackenna doble hacia el oriente y utilice la rotonda. Una solución para la cual no se necesita invertir en costos altos ni arreglar los semáforos.

"Como no podemos regular estas intersecciones (Vicuña Mackenna, Providencia, Costanera Andrés Bello y Avda. Cardenal Caro, entre otras), por la falta de semáforos y de señalización, podríamos darle a la rotonda el uso que debiera dársele desde su invención, hace casi un siglo, que es gestionar el flujo vehicular", precisa López.

Agrega que, "al eliminar los flujos directos entre Vicuña Mackenna y Pío Nono, la rotonda pasaría a funcionar como cualquier otra de las que están en la ciudad (Grecia o Quilín). Junto con las señales Ceda el Paso en algunas calles, eso permitiría que los flujos de la rotonda podrían continuar su camino sin entrar en una situación de conflicto, sino de colaboración".

En la solución vial propuesta por el académico, los peatones tendrían un solo paso habilitado: "Para que el flujo peatonal se respete como tal, hay que unificarlo bajo la lógica de la masa crítica: cuando hay más de una persona en una esquina, los autos se detienen y los peatones pueden cruzar. En el caso de Plaza Italia, habría que cambiar el flujo peatonal a la vereda del frente de donde está ubicada la estatua de Baquedano, por medio de barreras de concreto que se instalarían en las mismas veredas para señalizar y darles la instrucción a ellos. Así tendrían mayor seguridad al cruzar, porque se aglomerarían en un solo sector de la vía", dice López.

Estas barreras de hormigón, conocidas como New Jersey, pesan 360 kilos y tendrían además la función de cerrar el paso de vehículos desde Vicuña Mackena a Pío Nono, obligando a los conductores a tomar la rotonda.

Medida de emergencia

A Rodrigo Martin, doctor en Transporte Urbano de la U. de Tokio y académico de la U. de Santiago, la solución planteada por López le parece "contingente e ingeniosa" , aunque útil solo durante esta emergencia.

"Es una idea súper razonable, bien interesante, pero solo en la emergencia que se está viviendo en el país y puntualmente en Plaza Italia, con los tiempos específicos de uso que se le está dando a ese lugar".

Martin, quien dirige el Smart City Lab, plantea que una vez superada la situación actual "hay que pensar en un proyecto que se viene tramitando hace años y que se llama Nueva Alameda. Es una propuesta para reformular el eje Alameda-Providencia, desde Pajaritos hasta Tobalaba, haciendo grandes cambios en diferentes intersecciones. Ese proyecto se canceló por baja rentabilidad social, pero ahora se retomó con una nueva mesa de trabajo con varios profesionales que están evaluando otra vez su rentabilidad".

Álvaro Miranda, doctor en Gestión de la Infraestructura del Transporte y el Territorio de la U. Politécnica de Cataluña y académico de la U. Tecnológica Metropolitana, cree que la solución propuesta por López puede funcionar si es que el tráfico no excede las magnitudes habituales.

"Las rotondas se empezaron a usar de forma masiva en Franca en la década del 1940. Surgieron como un elemento de control de tránsito para darle fluidez a una intersección y para solucionar problemas de conflictos sobre quién pasa primero, además de que mejoran las condiciones de seguridad. En esos años tuvieron una muy buena recepción por los automovilistas y funcionaron muy bien hasta los años 70, cuando empezaron a aumentar drásticamente los flujos vehiculares, por lo que las rotondas terminaron congestionándose".

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