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Historia de la sicóloga que murió  en el Barrio Matta
No hicimos un funeral. Hicimos una celebración a la vida. Vino mucha gente a Paine, a la casa donde ella se crío, yo creo que llegaron alrededor de 700 personas. Grupos tocando cuecas choras, celebrando, felices. Fue maravilloso".

María José Aguilar Chamorro, recuerda la despedida que tuvo el domingo su hermana, Luisa, la sicóloga que murió al ser herida cuando intentó resistirse a un asalto en un paradero del Barrio Matta, en Santiago Centro. Las cámaras de seguridad de sector registraron el lamentable momento.

"En Paine ella era conocida porque bailaba cueca", cuenta María José. "(La madrugada en que murió) había salido de un encuentro en La casa de la cueca. Ella andaba sola, estaba esperando a unas amigas para irse, porque las veces que iba a Santiago, se quedaba en la casa de su hermano".

Luisa fue la mayor de un clan de cuatro hermanos muy unidos, una familia de campo, de tradiciones chilenas. "Cuando chicos jugábamos con tierra, crecimos en la naturaleza", recuerda su hermana. "Al vivir en Paine hemos estado siempre ligados a los caballos, a las tradiciones más chilenas. Desde chicos fuimos a clases de cueca y después ella se enamoró de la cueca chora".

En la semana, Luisa viajaba desde la parcela en que se crió en Paine a la Universidad de O'Higgins, en Rancagua, para trabajar como docente en el ramo de Fundamentos de la Investigación. "La Luisa estudió sicología en la Universidad de Chile. Estuvo cuatro años fuera de Chile, el primero estuvo en Australia, con una visa working holiday. Después en Nueva Zelanda, también con una working holiday. Después hizo un magíster de Políticas Públicas en la Universidad de Queensland, en Australia".

Tenía 34 años y dejó amigos en casi los 21 países que conoció. "Ella se dedicó toda su vida a la reinserción social. Trabajó en un colegio, en una fundación, en una universidad. Hoy (martes) me siento muy tranquila porque hemos tenido unas muestras de cariño inmenso. Ahora entiendo todo lo que hizo Luisa para que nosotros pudiéramos afrontar de mejor manera esto", dice María José.

"Yo creo que el primer día, el sábado, fue devastador. Teníamos mucha pena. No entendíamos por qué la Luisa, si ella siempre trabajó por darle una mejor calidad de vida a la gente con más necesidades.

Ella entendía que la maldad venía desde la ignorancia, creía en la bondad de las personas, creía que las injusticias sociales tenían que ver más con la delincuencia que la maldad", cuenta.

Dos semanas antes de morir, Luisa gestionó la instalación de un punto de reciclaje en el gimnasio donde con su hermana practicaban crossfit. "Eso nos tiene hoy a todos súper contentos", dice María José.

La última vez que hablaron fue el viernes pasado. "Fue para organizar un viaje a Algarrobo, a la casa donde antes vivía mi abuela. Nos pusimos de acuerdo con eso. El día sábado -a mí me da mucha pena esto- justo le iba a mostrar la casa que me había comprado en Paine. La iba a invitar para que la conociera".

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