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Los 4 meses de Mónica Godoy en la playa

Pasadas las 16 horas de este lunes, una de sus hijas le pide materiales para hacer las tareas del colegio vía remoto, Mónica Godoy le dice donde están y luego se sienta cerca de ellas a guiarlas y, de paso, mirar por la ventana el mar. Ese es el nuevo escenario de la actriz y su marido, Nicolás Saavedra, que cumplieron cuatro meses viviendo en la playa. Ella prefiere mantener el lugar exacto en reserva.

La iniciativa, según cuenta, Mónica, "fue una decisión familiar, muy pensada que se basó en lo más importante que son nuestras hijas. Lo hicimos por Ema (8) y Leonor (6) que lo pasaron mal con la cuarentena del año pasado. Ñuñoa estuvo más de seis meses en esa situación y para las niñas fue duro. Se estresaron mucho. Vimos que la cosa iba para donde mismo este año y mejor replantear el lugar donde pasar la cuarentena".

-¿Cómo ha sido este cambio?
-Fue una decisión de salud mental porque para ellas fue duro. Para los niños de su edad es súper nocivo estar encerrados así, no poder socializar con sus pares. Estar en la casa todo el tiempo, como nos ha tocado con esta pesadilla de virus. Teníamos la posibilidad de venirnos a una casa que tenemos en la playa, no vinimos para capear la cuarentena, sino por salud mental de mis hijas. De hecho tuvimos que presentar a la junta de vecinos del balneario el informe de la sicóloga, entre otros papeles. No podíamos volver a estar en la misma situación del año pasado y he notado los cambios en ellas.

-¿En qué lo ha notado?
-Las noto diferentes porque acá podemos salir, con permiso igual porque estamos en cuarentena, pero no es lo mismo que salir en Santiago. Allá (en Santiago) existen los permisos para salir en la mañana a hacer ejercicios, pero yo no salgo a trotar con las niñas, entonces acá podemos usar esos permisos, salir a caminar y que estén rodeadas de naturaleza. Por eso es importante que se evalúe el permiso para los niños, porque son los grandes perjudicados con esta pandemia.

-¿Y cómo lo hace con la socialización allá? ¿Tienen amigos?

-Sí, conocemos gente, pero yo no hago vida social. La situación de cuarentena es la misma que en Santiago, entonces es igual a estar encerrados en Santiago, pero me encerré en la playa.

-¿Se tuvo que mudar con muebles y cosas de la casa de acá?
-Traje las cosas que necesitaba nomás, pensando que este cambio no iba a ser corto. Estoy como residente de acá entonces tampoco me traje muchas cosas más de las que habían.
 
-¿Cambia mucho la vida pasar de Santiago a una más playera?
-Cambia sólo el escenario porque uno sigue siendo la súper mamá con clases online, que hay que imprimir las tareas, hacer almuerzo, que no hay señal, ver mi trabajo también, que sigue siendo online. Finalmente son las mismas situaciones, el mismo cotidiano, pero con otro aire, otra vista. Acá uno no sale a la playa a jugar tres horas a hacer castillos de arena o a comprar el pescado todos los días o tomarse un helado, estamos igual que en Santiago, pero con otro jardín.

-¿Han pensando quedarse a vivir definitivamente?
-Sí, se nos pasa por la cabeza, pero uno trabaja allá (en Santiago) entonces sería ir y venir todos los días y es difícil proyectarlo a largo plazo así, pero quién sabe, todos con esta pandemia nos hemos replanteado la vida.

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