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Bruno, de 19 años, es el menor del clan Barticciotto Di Bartolo

El apellido Barticciotto es una institución en el fútbol chileno y Bruno, el hijo menor de Marcelo Pablo, ídolo de Colo Colo, debutó profesionalmente el domingo con Palestino en la caída por 4-2 ante Antofagasta en La Cisterna. Lo hizo anotando, celebrando a lo Chupete Suazo, y dando el pase para el segundo tanto árabe. Desempolvó el diminutivo Barti después de 19 años. Su padre anotó por última vez el 24 de marzo del 2002, cuando el atacante tricolor tenía 10 meses de vida.

"La gente siempre me va a comparar con mi papá y eso es inevitable, pero no me gusta que me comparen con él. Recién jugué, estoy empezando. Con mi papá somos muy distintos, él jugaba por afuera y yo hace mucho que no juego ahí. Mi puesto original es nueve, aunque puedo jugar por todo el ataque. Es bueno jugar en distintas posiciones porque hay más opciones de jugar y es mejor para cada técnico. Nuestras conversaciones con papá son todas de fútbol en general, pero no es que me diga '"Bruno debes hacer esto y lo otro" . Tomamos harto mate, nos juntamos a comer", cuenta.

Bruno Barticciotto Di Bartolo dice que la familia ha sido clave para cumplir el sueño de ser futbolista. "Mi mamá y mis hermanos me transmiten tanta alegría que pareciera que están más felices que uno. Yo vivo con mi mamá Claudia, que es el pilar más importante. Cuando él dirigía recuerdo que ella sufría bastante. Está en Argentina con mi abuela y desde allá me transmitió su alegría. Vio el partido en Buenos Aires y no sé cómo Io habrá vivido. Mis hermanos, Lucas y Octavio, también siempre han estado conmigo, apoyando en todo momento. Los buenos y los malos", comenta.

"Uno sueña hacer un gol, pero ni se imagina cómo va a ser ni qué va a pasar. Las horas después del partido los familiares te hablan, te felicitan mucho. El gol lo vi porque me etiquetaron en Instagram, aunque me gustó más la asistencia para el gol de Juan Sánchez Sotelo. Su gol me gustó más que el mío. Llegué a Palestino porque Marcelo Peña, ayudante de José Luis Sierra, trabajó en Universidad Católica y me conocía. Me buscaron harto y yo tenía ganas de salir. Encontré una muy buena opción. Me conocen muy bien", agrega.

Bruno, con 19 años, tiene dos tatuajes, un rayo y dos líneas negras en el antebrazo que los tiene por gusto y no significan nada especial, y usa una cinta roja porque años antes se desgarraba mucho y su madre le dijo que eso le traería mejor suerte. Cuenta que entre los jugadores chilenos destaca a Alexis Sánchez, pero su gran ídolo es Lionel Messi. También que está acostumbrado al cariño gracias a su papá. "La gente de Colo Colo lo quiere mucho. Siempre se le acercan, le piden fotos y él acepta todo, aunque tampoco es Maradona y no pueda salir a ningún lado".

"Afuera del fútbol me gusta cuidarme mucho. Soy de jugar PlayStation, juntarme con mis amigos y hacer lo común de un adolescente. Gonzalo Tapia y Clemente Montes son mis más cercanos, crecimos juntos en la Católica. Soy muy dedicado y creo que siempre hay que estar motivado. En el fútbol lo más clave es estar bien de la cabeza. Todos los jugadores son buenos, por algo juegan, pero los que destacan son quienes tienen una mentalidad fuerte. Trabajo con un coach, me ayuda en el tema de la ansiedad, los sentimientos y aceptar ciertas situaciones", cuenta Barticciotto.

-¿Por qué celebró con los dedos en los oídos como Chupete Suazo?
-Mis hermanos, Lucas y Octavio, de chico me decían Brunete Suazo. Quedamos en que si hacia primer gol tenía que celebrarlo como él. Tenía nueve años, hacía muchos goles, me decían Suazo goleador porque Chupete en ese momento era el mejor nueve de Chile. No es que me decían todo el día, era en broma. Mi papá conoce a Suazo. Nunca he hablado con él.

-Tu camiseta dice Bruno Barti, ¿por qué no Barticciotto?
-Me quería poner solo Bruno, pero lo tiene Bruno Romo y en el campeonato no puede haber dos camisetas con nombres iguales. Decidí agregarle la abreviación del apellido. Encuentro que el Barticciotto se lo quedó mi papá, hizo su carrera y yo feliz lo llevo si es necesario, pero a mí me gusta mi nombre.

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