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Gaby Hernández

Gaby Hernández (81) aprendió a manejar a los 49 años. No fue por torpeza: la actriz de "Pituca sin lucas" pasó gran parte de su vida adulta en Madrid -y otras ciudades de Europa-, y allá no sentía necesidad de conducir un auto. "No me fue complicado aprender en lo más mínimo, pero antes no lo había necesitado. De hecho, me enseñó Anita Reeves y después di mi prueba en el Automóvil Club", recuerda.

Se autoconsidera una conductora un "poco osada". Para ella, la luz amarilla es "correr en vez de parar". También dice que es algo enojona: "no me gusta la gente que se cambia de pista sin avisar".

Este 2020 la actriz -que tiene un Suzuki Nomade año 2014- ha estado en casa, como gran parte de los chilenos. "No me dan ganas de salir, tengo el síndrome de la cabaña", dice. Alcanzó a grabar un streaming de "Viejas de mierda", junto a Gloria Münchmeyer y Gloria Benavides, que tiene su cuarta función el miércoles 9 (con entradas en Punto Ticket), pero luego sufrió un accidente, que terminó por dejarla bien confinada.

A finales de septiembre, ensayaba para la obra "Todas en una" cuando se tropezó. Y aunque fue una caída leve, terminó con una vértebra quebrada. "Me prohibieron manejar por un tiempo. Puede haber frenazos o que yo tenga que hacer algún movimiento que implique mover la vértebra que está quebrada; entonces, por sugerencia médica no puedo hacerlo hasta uno o dos meses más".

-En su caso es una indicación más preventiva.
-Es preventiva, no prohibitiva.

-¿Y cómo lo hace para moverse?
-Estamos en pandemia, tengo 81 años y no me movilizo tanto. Generalmente me lleva mi hija, porque no quiero tomar Uber ni nada, porque no sé si (los autos) están sanitizados. Lo poco que salgo me lleva ella, hago todo por Zoom.

-¿Entretenido viajar con ella?
-Por supuesto; como no vivimos juntas, aprovechamos el poco rato que estamos en el auto para copuchar y ponernos al día.

-¿Echa de menos manejar?
-No, para nada. Menos en esta ciudad; manejar en Santiago es un suplicio. Si fuera una ciudad con el tráfico expedito como en otros países más adelantados, sería harto más agradable.

-¿Alguna diferencia entre manejar en la tercera edad?
-No he ido al oftalmólogo por la pandemia, pero actualmente tengo un poco de dificultad en la noche, porque los faros me brillan demasiado, así que de noche evitaba manejar. Puedo leer bien, que es lo que más importa.

-¿Tiene presbicia?
-Presbicia, un poco de astigmatismo y un principio de cataratas, pero como debes saber por tu abuela, tienen que desarrollarse lo suficiente para poder operarlas.

-¿Cuál ha sido su viaje más memorable?
-Yo viajé muchísimo, pero no manejaba en esa época. Con el papá de mi hija compramos una Kombi en Amsterdam y recorrimos toda Europa, el norte de África, estuvimos más de un año conduciendo. Jose María, como se llamaba mi esposo, me decía que no quería que empezara yo a manejar ahí, porque cualquier cosa que hiciera mal nos quedábamos en la mitad del camino y era una Kombi muy vieja.

-¿Qué va a hacer cuando pueda manejar y salir?
-Yo creo que irme a la playa a Tunquén, a la casa de una amiga. Mira, no soy tan de playa, viví en Ibiza por tres años y me quedé un poco harta de los botes y de todo. Pero me gusta la tranquilidad y me gusta la playa, más en invierno que en verano.

¿Por qué no debe manejar?
Andrés Leiva, traumatólogo y cirujano de columna de Clínica Meds, explica que es común que no se les permita manejar tanto a pacientes que han sido operados como a aquellos que tienen una fractura en la columna. Las razones principales son que a menudo están con medicamentos que les disminuyen la atención, pueden provocar problemas visuales y retardar las reacciones; y también que al conducir se deben hacer movimientos de rotación, que pueden ser muy bruscos y acrecentar una lesión.

Comenta que en la tercera edad las fracturas toman más tiempo en solucionarse y sugiere que, si ella viaja como pasajera, lo ideal es que lo haga portando algún tipo de protección. "Como un collar cervical, pero lo ideal es que se traslade lo menos posible. El otro problema que ocurre al manejar es un frenazo brusco o un latigazo cervical, que puede ser muy peligroso", precisa.

Jaime Esteban, kinesiólogo y magíster en terapia manual ortopédica de Clínica CRL, centro que se especializa en columna vertebral, explica que la prohibición de manejar es netamente preventiva. "Aunque los accidentes de tránsito no son tan frecuentes, puede haber un frenazo que puede causar más daño y hacer que esa fractura tarde más en repararse", afirma.

-¿Es una medida conservadora?
- A las personas mayores no tenemos que envolverlas en plásticos de burbujas, pero su densidad mineral ósea está disminuida; entonces hacerse daño en otro sitio puede causarle una lesión más grave. A mi me parece que la decisión de su doctor está bien.

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