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El homenaje cervecero del dueño de Kunstmann a 60 años del terremoto de Valdivia
El comienzo de la cervecería Kunstmann, un clásico valdiviano, está en un hecho muy puntual que allá por 1988 le ocurrió a Armin Kunstmann, su fundador. El ingeniero químico, que por entonces trabajaba para la filial de uno de los molinos más conocidos de Valdivia, viajó a Milwaukee, Estados Unidos, para comprar levaduras. Con un amigo gringo, visitó una tienda de productos para la fabricación de vinos. "En una de las secciones encontré un libro que se llamaba El placer de fabricar cerveza, donde se explicaba paso a paso todo el proceso. Como el tema me interesaba, compré el libro y algunos materiales para elaborarla. Ahí partió todo, con una inversión inicial de no más de veinte dólares", recuerda Kunstmann.

Tres décadas después, con su cervecería exportando a Perú, Argentina, Paraguay, Uruguay, Colombia, Bolivia y Brasil, Kunstmann quiere devolver de algún modo la mano a la ciudad donde construyó su empresa.

"Sacamos una cerveza que se llama "1 960", que recuerda el terremoto de Valdivia, del cual este viernes 22 de mayo se cumplen sesenta años. Todo lo que ingrese por sus ventas irá a la incubadora de negocios de la Universidad Austral, para apoyar a los emprendedores que hoy están pasando por un momento muy difícil", cuenta.

A sus 67 años, Kunstmann aún tiene un recuerdo nítido del remezón de 9,5 grados, el más fuerte del que se tiene registro. "Yo estaba en el patio con mi papá y mi hermano, tomados de una cuerda de tender ropa. Recuerdo que mi mamá trataba de caminar hacia nosotros, pero no podía, porque el movimiento la botaba. Tiempo después mi papá me contó que en un momento el río, que fluye de cordillera a costa, comenzó a hacerlo al revés, porque todo el sector se había hundido", cuenta.
Alemanes en Valdivia
El interés de Kunstmann por la cerveza venía de los relatos familiares sobre el pasado pujante que Valdivia había tenido en la bebida hecha de lúpulo y levaduras. "Siempre escuchaba a mi padre y a mis tíos hablar de la cerveza Anwandter, famosa en la ciudad y que incluso en la época de la fiebre del oro se exportó a California. Fue un motor de la ciudad, pero el terremoto del 1960 la destruyó", recuerda.

El vínculo de su familia con la cerveza Anwandter era histórico. En 1850, Imanuel Kunstmann von Luetichau, su antepasado, había emigrado de Alemania a Corral, en la costa de Valdivia, en el mismo velero donde llegó Carlos Anwandter, uno de los patriarcas de la ciudad, cuyos descendientes fundaron la cervecería.

Con esa historia familiar, Kunstmann decidió, al regreso de su viaje a Milwaukee, elaborar cerveza en su casa. "Experimentamos en la cocina, con la ayuda de mi esposa y de mis hijos. Yo entonces me impuse un desafío. Dije que si lo que resultaba de ese experimento se parecía a una cerveza, armaría una producción en serio para vender, y resultó una lager muy buena, así que decidimos lanzarnos con mi señora", recuerda.

El emprendimiento partió en el garaje de su casa. "Era algo muy artesanal, mucho más precario. Estuvimos dos años experimentando fórmulas, dándolas a probar a parientes y amigos, hasta que dimos con un buen resultado", cuenta. Comenzamos a recorrer en auto la ciudad para ofrecer a restaurantes, hasta que salió la primera caja de 24 unidades de 330 cc. Todavía tengo esa boleta", relata.

A los varios años de marcha, el azar hizo lo suyo y le dio el empujón que necesitaba a un emprendimiento hasta entonces local. "Nos llamaron del Jumbo para comprarnos, y nosotros quedamos sorprendidos. Imagínate lo que es que un supermercado de ese nivel te llame cuando eres tan pequeño. Después supimos que alguien de la familia del señor Paulmann había probado la cerveza y por eso la habían pedido".

El siguiente gran hito en la historia fue la asociación con la CCU, en 2002. "Teníamos problemas de distribución, por lo que compartimos sociedad en razón de 50% y 50%, entre la familia y la CCU, distribución que se mantiene hasta la fecha", dice Kunstmann.

Una de las diferencias específicas de la marca fue el desarrollo de distintas variedades, en un mercado en el que, hasta su llegada, básicamente se conocían la malta y la Pilsen. "Nosotros salimos del esquema tradicional y probamos nuevas cosas, en una cocinería que se basa en el ensayo y error. Si alguien tenía una idea, la probábamos y si funcionaba, la vendíamos", cuenta.

Hoy la marca tiene 16 variedades permanentes y otras experimentales que se venden a restaurantes. "Son cervezas amargas, muy lupuladas, con mucho aroma; algunas son turbias, sin filtrar. También tenemos una experimental en lata que sólo se vende en el Jumbo", cuenta el ingeniero químico.

A ese selecto grupo se sumó ahora la "1960". "Es de un tono levemente oscuro, sin ser negra, algo más clara que la torobayo", cuenta su creador.

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