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Así es la batalla interna que libra nuestro cerebro en la cuarentena

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Así es la batalla interna que libra nuestro cerebro en la cuarentena
Pedro Maldonado es neurocientíflco y autor del libro "Por qué tenemos el cerebro en la cabeza". Desde su casa, donde les graba las clases a sus alumnos de Medicina de la Universidad de Chile, explica qué le está pasando a nuestro cerebro en medio del encierro y la incertidumbre provocada por el coronavirus.

Este cambio de vida tan abrupto, profesor ¿cómo lo percibe el cerebro?
-Lo primero que quiero mencionar es que somos animales sociales. Biológicamente los humanos vivimos en sociedad, por los tanto las interacciones diarias son tremendamente importantes en nuestra vida. Que nos priven de eso es un castigo. Por eso se usan las cárceles, porque sicológicamente es terrible para nuestra mente. Este cambio brusco, es decir pasar de tener relaciones sociales a que se nos pida que hagamos exactamente lo contrario, va contra nuestra biología y conlleva varios desafíos para nuestro cerebro.

¿Cómo cuales?
-El primero es luchar contra nuestra inclinación natural a tener relaciones sociales y tener que evitarlas. El segundo desafío es que lo estamos haciendo ante una amenaza que no podemos comprender, no podemos ver, tocar, ni oler. Generalmente nuestro cerebro no es muy bueno lidiando con cosas que no son tangibles. Al cerebro le cuesta mucho hacer sentido de eso, porque fabrica su realidad con cosas concretas que experimenta, y fabricar la realidad con una amenaza que no ve, es difícil.

¿Algo más?
-Sí. Un tercer elemento es cómo adaptar nuestra conducta al nuevo entorno, el que ha sido reducido. Nos enfrentamos a una situación que no deseamos y que tampoco sabemos manejar. Ahí está una de las amenazas más importantes, contra la salud mental.

¿A qué nivel se dan estos desafíos?
-El primero, el social, es algo que está como cableado en nuestro cerebro, porque es la manera en la cual funcionamos. Todo el lenguaje que desarrollamos en nuestro cerebro sólo tiene sentido en la interacción social. El cuidado mutuo también se da en esta interacción, por lo que gran parte del cerebro genera procesos relacionados a ella: el lenguaje, la empatía, la comunicación, etc. El segundo desafío es un problema de sobrevivencia, incluso más antiguo que lo social: el miedo como emoción. Éste gatilla respuestas biológicas muy fuertes, los impulsos a realizar algo ahora ya. Pero cuando el cerebro no obtiene la amenaza real, tangible, no sabe qué hacer, por lo que la reacción emocional aquí no tiene mucho sentido.

¿Entonces, qué se puede hacer?
-Para este tipo de amenazas uno requiere otro tipo de control del cerebro: hay que evaluar más ampliamente la situación y tomar decisiones más racionales.

No es algo muy fácil.
-Claro. Se da una situación entre nuestro cerebro emocional, que busca reaccionar de alguna manera, y nuestro cerebro racional, que busca manejar nuestra conducta más a largo plazo, para hacer frente a la amenaza. Y ahí se ocupan distintas partes del cerebro. Las emociones y el miedo ocupan circuitos muy antiguos de nuestra evolución, como la amígdala y otras estructuras, mientras que la parte más racional, cognitiva, ejecutiva, tiene que ver con las cortezas cerebrales. Ahí se da una pelea interna del cerebro: ¿tengo que usar mis emociones y respuestas innatas o tengo que usar mi cerebro que piensa y decide con tranquilidad mi conducta?

Suena compleja esa pelea.
-Y ninguna de las dos tiene ventaja, lo que en parte crea la gran ansiedad que tenemos. Las conductas emocionales no nos sirven porque no enfrentamos algo tangible, un león que nos persigue, por ejemplo, y tampoco tenemos la posibilidad de arrancar porque esto está en todos lados. Por otro lado, el cerebro racional tampoco la tiene mucho mejor, porque para tomar una buena decisión frente al peligro, uno necesita buena información. Y esa información no la tenemos necesariamente porque hay mucho ruido, nos llega información de todos lados, que hay que hacer esto y esto otro. Esta pelea entre estas dos partes del cerebro y los problemas de cada uno, genera que nuestra conducta sea súper variada: gente que sigue al pie de la letra las indicaciones y gente que no pesca.

Pensando que la situación actual no cambiará a corto plazo, ¿cómo lidia el cerebro con ello?
-No tener una solución clara ni desde la emoción, ni desde el raciocinio, nos genera incertidumbre y estrés. Nuestro cuerpo se prepara para responder, pero como que no tiene muy claro de qué manera. Esta es una respuesta fisiológica importante, cuando de verdad tenemos que responder y ponemos al cuerpo en modo de alta revolución, muy alerta. Uno está siempre atento a lo que pasa y escuchando todo. Ese estrés, cuando es corto, es manejable, pero es peligroso que se prolongue en el tiempo. Eso puede generar deterioro grave en la salud mental.

¿Hay alguna manera de ayudar a nuestra cabeza?
-Las sugerencias están centradas en el autocuidado y cuidado de la salud mental. Reducir el estrés realizando actividades que contribuyan a eso. Manejar los horarios y respetar los límites de la rutina que uno se establezca. No almorzar a cualquier hora, por ejemplo. Si te desordenas y a toda la incertidumbre le agregas la incertidumbre de lo que haces y cuándo lo haces, es complicado. Y no estar pegado todo el día a WhatsApp y Twitter para saber la última novedad del coronavirus.

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