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Cómo reventó la burbuja YouTuber
Sentado en la hamburguesería que administra, Nicolás Liñán de Ariza —34 años, conocido en la red como Vardoc— observa lo que sucede en el local. Usa anteojos ópticos y viste el mismo look de quinceañero que ha mantenido en la última década. Su pelo, que antes fue gris y verde, hoy es azul.

Antes solía estar por horas frente a un computador, en una pieza tapizada de pósteres y juguetes coleccionables. Entonces, su casa era su oficina, donde grabó todos los videos para su canal de YouTube que lo hizo conocido entre adolescentes: Vardoc1. Por 12 años, su vida giró en torno a una actividad que hoy da por olvidada: ser youtuber.

En aquella época, en paralelo a él, nacieron los primeros youtubers chilenos y muchos de ellos se convirtieron rápidamente en estrellas, aunque ninguna tan luminosa como Germán Garmendia, que hoy vive en Los Angeles aún disfrutando de la fama internacional que ganó a costa de likes y videos. De hecho, el mes pasado la revista Time lo escogió como una de las 25 personas más influyentes de internet, junto con Donald Trump y Ariana Grande.

Pero bajo él hubo decenas de otros youtubers nacionales que lograron éxito. Ganaron millones, fueron idolatrados por una masa de seguidores adolescentes, viajaron a otros países y publicaron libros. Pero con el tiempo el boom se desinfló, dejaron de llamarlos para eventos y su público, al igual que ellos, creció. Muchos abandonaron el oficio, mientras que los que sobreviven intentan mantenerse vigentes frente a una nueva generación de adolescentes y jóvenes que hoy buscan a sus referentes en otras plataformas, como Tik Tok, que en Chile tiene 1,2 millones de usuarios concentrados en este grupo etario.

—No quiero vivir de mis glorias pasadas, ya pasó mi tiempo. Es complicado entender que terminó tu minuto de fama. Le saqué provecho a esa situación, ahora lo importante es qué hago y para dónde avanzo —dice Liñán de Ariza.

El despegue

Nicolás Liñán de Ariza recuerda que descubrió YouTube hace 12 años, viendo videos de otros gamers de Estados Unidos.

—Empecé a grabar tutoriales, explicando cómo superar etapas en juegos. Noté que había un potencial en ese mercado, ya que no había latinos grabando videos, menos en español —cuenta.

YouTube se creó en 2005, pero en Chile se volvió popular a mediados de 2009, cuando nacieron los primeros creadores de contenidos que comenzaron a subir videos muy sencillos, que iban desde sketchs a contar una historia frente a una cámara.

Nicolás creó su canal en 2006, enfocado en los videojuegos. En esa época quería ser un referente en Chile dentro de ese incipiente mercado. Demoró cerca de un año en llegar a los mil suscriptores.

—Nadie entendía el concepto de youtuber y yo generé eso en las empresas —asegura.

Luego dejó sus estudios en Temuco y se mudó a Santiago para entrar a Doblaje y Locución. Dice que cambiar su forma de hablar en los videos captó un nuevo público en otros países.

—Ahí tomé la decisión de que viviría de esto, que me volvería un profesional de YouTube. Dije: “Esta es mi vida, aquí está lo mío” —recuerda.

En esos años, YouTube aún no implementaba el sistema de pago automático en sus videos, así que los youtubers firmaban contratos con una network, empresa que hacía el nexo entre ellos y la plataforma.

Vardoc cuenta que al principio ganaba dos dólares por cada mil visitas que recibían sus videos. En esa época, algunos de sus contenidos ya superaban el millón de clicks.

—Eran tiempos de bonanza, llegué a ganar cerca de dos millones de pesos mensuales —explica.

Llegar a la cima

En resumen, Valentina Villagra, 26 años, nació en Iquique, subió su primer video a YouTube en 2009 y estudió Odontología en la Universidad del Mar justo cuando la institución cerró, dejándola a ella y a miles de estudiantes en el aire.

Sin saber qué hacer, retomó su canal en 2014, donde ya era conocida como Balentina, con B. Grabó nuevos videos para un público más infantil y logró 800 mil nuevos suscriptores. El éxito la llevó al mundo editorial: escribió un libro, publicó una agenda y tuvo su propio álbum de láminas. Su actitud infantil al hablar le dio fama entre sus seguidores, a quienes apodó “flanes”.

—Son niños, me endulzan la vida. Al retomar mi canal empecé a hacer tutoriales, cosas más tiernas. Esa es mi pasión. Antes estaba perdida con los otros videos y decidí que eso quería hacer —recuerda.

En esa época, Valentina Villagra también recibió sus primeros pagos. Asegura que las ganancias “no son tan milagrosas como se piensa”, aunque en una de las primeras entrevistas que le hicieron se publicó que recibía 20 millones mensuales.

—No sé de dónde sacaron esa cifra, pero eso hizo que muchos niños pensaran que los youtubers somos millonarios —dice.

Sí cuenta que con las ganancias le regaló un auto a su mamá, viajó y recientemente compró una parcela en la Quinta Región. Uno de los videos que más dinero le generó tiene cerca de 3 millones de visitas.

—Antes, Google (dueña de YouTube) apostaba más por los creadores de contenidos, pero después se produjo una crisis porque prevalecía el anunciante sobre el creador. Eso causó una gran baja en los youtubers. Recuerdo que fue tema y se sentía la desmotivación en el ambiente —explica.

En 2015, el término youtuber ya era conocido a nivel mundial. Se sabía quiénes eran los más populares, los que ganaban más dinero y los rostros más atractivos para hacer negocios.

En Chile, Villagra llamó la atención de las editoriales y se convirtió en la primera youtuber en publicar un libro: Besito en la frente, con algunos consejos para ser feliz y disfrutar la vida. Lo presentó en el Club Media Fest de 2015 —cumbre de youtubers de habla hispana— frente a más de 12 mil espectadores. También fue parte de la Feria del Libro en Lima.

—Era el sueño de mi vida. Siempre pensé que mi primer libro sería una novela, pero aproveché la plataforma y todos los seguidores que tenía para hacerlo —comenta—. Los niños posteaban que tenían un mal día y que mis videos los alegraba. A mí no me gustaba que me usaran para distraerse. Si tienen un problema, tienen que hacerse cargo de él. Por eso el libro es de autoayuda.

Para que un youtuber escriba un libro —explica Stephanie Arellano, encargada de comunicaciones de la división Infantil-Juvenil de Penguin Random House—, nos fijamos en el número de seguidores y que su contenido sea apropiado para un libro. El marketing también juega un rol, porque permite no solo difundir el libro entre el público objetivo, también ayuda a llegar a otros lectores que pueden estar o no en redes sociales. Además, el impacto que generan es alto.

Nicolás Liñán de Ariza también publicó un libro, Vardoc: el libro gamer. Dice que quería contar cómo había convertido su hobby en un trabajo.

—Quería que fuera un libro con contenidos, que la gente pudiera entender. Pero ellos (la editorial) querían meterle otras cosas y finalmente les dije que hicieran lo que quisieran. En mi caso, estaba de más publicar un libro, porque salió lo mismo que está en mis videos. No es un logro en mi vida.

La fama

Ignacio Carrasco, 28 años, intentó estudiar Composición y Arreglos Musicales. Luego trabajó como fotógrafo en matrimonios, fiestas y licenciaturas de colegios en Antofagasta, su ciudad natal. Ahí, dice, descubrió una pasión desconocida por lo audiovisual y creó un canal en YouTube: Las aventuras de Sofía, donde hacía comedia juvenil junto a su hermana. El rápido éxito que tuvo, los empujó a ambos a convertirse en youtubers.

El peak de su carrera, explica, fue en el 2015 cuando subía dos videos a la semana y los eventos, en los que le pagaban entre 200 mil y 500 mil pesos, eran todos los meses. Además, participó en el primer Club Media Fest en Santiago. Carrasco aún recuerda ese día:

—Salimos al escenario, apunté el micrófono hacia el público y miles de personas cantaron las canciones de Las aventuras de Sofía, todos se las sabían. Cuando bajamos, nos fuimos al camarín y nos pusimos a llorar de la emoción.

La cantidad de seguidores que vino luego aumentó sus ganancias.

—Solíamos ganar entre 200 y 300 dólares mensuales. Una vez logramos hacer un viral que llegó al millón de reproducciones y recibí un pago de dos mil dólares. No lo podía creer —explica.

Pese a la fama repentina, asegura que nunca se le subieron los humos a la cabeza.

—Al contrario, mi círculo me decía que tenía que valorarme más. Menospreciaba mi trabajo, sentía que lo que hacía era penca, porque todos mis amigos estudiaban una carrera y yo decidí lo contrario.

Valentina Villagra también cuenta su experiencia con la fama:

—Sabía que, si se me subían los humos, yo iba a ser una persona muy estúpida. ¿Quién permite, en su sano juicio, que se le suban los humos?

Ambos aseguran que su popularidad llegó al nivel de no poder caminar tranquilos por la calle y que más de alguna vez necesitaron guardaespaldas en sus eventos. En el caso de Vardoc, cuenta que por años fue invitado a eventos de animé y videojuegos en regiones y en el extranjero. Recuerda que al principio solo le pagaban el pasaje en bus, pero después, en el peak de su carrera, llegó a cobrar un millón de pesos por ir ciertas horas. De esos eventos, llegó a tener tres en un mes. “Tengo mi pasaporte lleno de timbres y mis colegas no aprovecharon eso”, relata.

Vardoc dice que tomó conciencia de su fama cuando su mamá también notó durante unas vacaciones familiares que muchos niños se acercaban a su hijo para saludarlo. “Ella no me creía que era conocido. Me decía: ‘Las estupideces que haces, ¿quién ve tus videos? Debe ser gente que no tiene nada que hacer con su vida'”.

—¿Te sentías famoso?

—Los primeros dos años me creí el cuento de que era una estrella. Doy gracias de que me pasó cuando no tenía tantos seguidores. Iba a un lugar y decía: “¿Cuánta gente hay aquí? Mira, hay mil personas, la mitad de un estadio, la misma cantidad de gente que ve todos los días mis videos”.

La caída

El público de un youtuber es transitorio, va cambiando y creciendo. La idea de la industra es que exista un recambio, que cuando un joven pase de los 13 a los 17 años, ya tenga otro creador a quien seguir, dejando atrás a los otros —dice Arturo Arriagada, sociólogo de la UAI y director de cultura de Social Media, al explicar el ocaso del fenómeno que protagonizaron los youtubers.

La última edición de la revista The Atlantic también da cuenta de lo mismo. En un artículo dice que los jóvenes y los grandes productores han fijado su atención en las nuevas estrellas de Tik Tok, que hoy son más atractivas que los youtubers.

A principios de 2018, Valentina Villagra se tomó una pausa de nueve meses de YouTube. Su constante preocupación por las redes sociales, explica, la obligaban a estar atenta a qué hora subir contenido, ver cada detalle de sus fotos y la cantidad de likes que tenía, lo que le desencadenó un cuadro depresivo.

—Me importaban los likes, eso fue el detonante. No me sentía bien y hacía todo presionada. Usé ese tiempo para conocerme y saber qué me pasaba. Tenía que crecer, porque mi audiencia también lo estaba haciendo. No me podía quedar en el pasado —relata.

Agrega que usó esos meses para reinventarse y adelanta que pronto estrenará su faceta de cantante. Pero esta vez migrará a Instagram.

—Voy a pasar a un público más adolescente. El de antes era muy infantil, cosa que igual me encanta. También tengo planeado tener un canal para niños.

En 2017 el canal de Carrasco, Las aventuras de Sofía, alcanzó cerca de 70 millones de reproducciones en total y hasta se publicó un cómic con el mismo nombre. Pero pronto dejó de subir contenido. Uno de los motivos fue porque Sofía, su hermana, entró a la universidad y sus tiempos ya no eran compatibles con el resto del equipo.

Tras el fin del canal, Carrasco creó otro que mantiene hasta hoy: DimeNacho, dedicado a la música, los videojuegos, tutoriales humorísticos e investigaciones. Pero dice que no más de un 20 por ciento de la audiencia de su primer canal se traspasó al actual. Hoy, sus videos tienen un promedio de 400 mil visitas, por las que recibe cerca de 60 mil pesos. También cuenta que viendo a otros youtubers notó las consecuencias de no haber aprovechado las oportunidades que se le presentaron, especialmente en lo económico.

—En todos estos años, no creo haber ganado más de 30 millones en total. Siempre trabajamos entre amigos, todo muy familiar, entonces muchas oportunidades las rechacé por no despegarme de mi círculo.

—¿Te arrepientes?

—No. Quizá tendría un mejor pasar económico, pero hoy, profesionalmente, estoy bien. Sí me arrepiento de no haber sido maduro y constante. Quizá Las aventuras de Sofía hubiesen tenido más éxito.

Carrasco se mudó de Antofagasta a Santiago para buscar nuevas oportunidades. Sin un trabajo estable, su situación económica empeoró.

—Entré en una depresión y lo tapé con exceso de trabajo. Cuando me sentía angustiado, trabajaba más. Llegué a subir 16 videos a la semana, entre dos y tres videos diarios. Estuve tan corto de plata que mucho tiempo viví a puro té, fideo y pan. A veces lloraba porque no teníamos plata para comprar ni aceite —relata.

Hoy, Carrasco trabaja en Woki Toki, otro canal de YouTube, haciendo guiones y creando contenidos, además de otros empleos part time relacionados con el área audiovisual. Explica que ahora “ya no me preocupa la cantidad de gente a la que llegaré”. Hoy, asegura, todos los meses recibe cerca de 500 mil pesos, lo suficiente para vivir.

Actualmente, YouTube cuenta con el Programa de Socios, donde los usuarios pueden monetizar sus videos sin intermediarios. “En función de la publicidad que se muestre, se generará un ingreso donde la mayoría irá al creador de contenido”, explica Antoine Torres, responsable de alianzas de contenido de educación en América Latina de Google.

Google también creó la Academia de Creadores, plataforma online que capacita a los youtubers para mejorar su contenido. “Aprenden a construir una audiencia y a programar. A medida de que vayan creciendo, tenemos más formas de ayudarlos y asesorarlos”, agrega Torres.

Pero según The Atlantic, los usuarios ya no solo optan por obtener ganancias en YouTube, sino que otras redes sociales como Instagram e incluso Facebook se han convertido en alternativas mucho más directas.

El último video de Nicolás Liñán de Ariza en su canal Vardoc1 es un registro de hace un año, en donde él cuenta que dejó la plataforma por la baja monetización que tenían sus videos, lo que también afectó sus finanzas. “Empecé a hacer la bicicleta como todos los chilenos. La gente se olvida de ti, pero avisas que te vas a retirar y te vuelven a querer”, dice. Hoy, Instagram es su única plataforma activa. Allí, en una de las historias que subió, dice:

—(…) Si algo aprendí, después de estar metido todos estos años, es que a veces es bueno dejar la pantalla de lado, darte cuenta de lo que tienes a tu alrededor y enfocarte en la vida de verdad, no tanto en las redes sociales. Al final, la fama pasa y las cosas se acaban.

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