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Cristián Riquelme persiguió 10 años este auto

Cristián Riquelme, actor y jurado del programa "Yo soy" (CHV), se demoró una década en tener uno de sus autos favoritos, un Toyota Land Cruiser Serie 75 año 1986, y eso fue porque nunca perdió de vista el modelo y le insistió todo ese tiempo a su anterior dueño para convencerlo de que se lo vendiera.

Su amor por el auto comenzó en la ciudad donde creció, Puerto Varas: "Nunca pude entender cómo en una ciudad pequeña podían existir vehículos con patentes de otros países. Se repetían algunos como este Toyota. Lo vi con la bandera suiza, francesa o alemana", cuenta.

Pasó el tiempo, viajó a Santiago a estudiar teatro y mantuvo su pasión por los autos. "Pero nunca tuve plata para comprarme uno de mis modelos favoritos hasta que empecé a trabajar en la televisión. En 2008 me topé con este Land Cruiser Serie 75 de 1986, diésel, con un motor Toyota 3B (3.500 cc). Actualmente tiene medio millón de kilómetros recorridos. Lo vi cuando andaba en bicicleta por Avenida Pocuro en un día de lluvia. Aceleré y logré llegar al lado. El conductor bajó el vidrio y le dije: me encanta tu 4x4 ", relata.

Le pidió el nombre, le mandó solicitud de amistad por Facebook y quedaron conectados. "Le pedí que si alguna vez lo vendía me avisara. Me respondió: imposible, ya que lo heredé de mi padre ", recuerda.

Sueño logrado

El actor había seguido la historia de los Land Cruiser Serie 75 que habían llegado a Chile. Algunos lo trajo la Armada y fueron dados de baja en 1993, por lo que terminaron en manos de Bomberos de Puchuncaví. Otros se fueron a la Patagonia. "Contacté a varios: unos habían sido vendidos, otros fueron chocados. Nunca perdí la esperanza de tener uno", afirma.

Pasaron los años y siguió conectado con el dueño del modelo que lo flechó en Avenida Pocuro: "Cada tres meses le iba preguntando, ya que cuando uno quiere algo, tiene que poner toda su energía en conseguirlo. Lo contacté incluso durante los tres años que estuve fuera de Chile. Hasta que un día me dijo que existía la posibilidad, porque ya no lo estaba usando. Eso fue en 201 8", recuerda.

"Fue un momento muy bonito porque lo quería para mí, pero también para llevárselo a mi papá a Puerto Varas. Y ojalá lo use mi hijo cuando sea grande", comenta el actor. Por el momento el 4x4 está en el sur bajo el cuidado de su padre, quien de vez en cuando lo saca y se preocupa de mantenerlo en óptimas condiciones.

Riquelme confiesa que ama los autos y que le gusta la mecánica antigua, por eso se entusiasmó con remozarlo. "Algo de romántico hay en arreglar un fierro antiguo. La mecánica actual es enchufar el auto a un computador que arroja un código. A mí me gusta abrir el capó y entender lo que hay adentro", relata el intérprete, quien se involucró en cada detalle de la reparación del Toyota.

"Hice todas las reparaciones yo. Me demoré entre seis y ocho meses. Comencé sacándole el óxido por abajo. Ocupé un taladro con un chascón, junto con una galleta con un desbastador, desoxidante y, para las partes blandas, una escobilla. Con mucha paciencia repetí y repetí el proceso hasta sacarle todo el óxido", cuenta.

Contó con la ayuda de su amigo Luis Roa, un mecánico de telescopio que trabaja en el observatorio Paranal, quien viajaba desde Antofagasta a ayudarlo. "Me ayudó a sacarle los rodamientos de masas (los que tiene cada rueda para que gire bien), que eran originales; luego seguí con los frenos y le cambié algunas partes que estaban oxidadas, como los travesaños de la carrocería que estaban carcomidos. Estos los saqué y los mandé a reparar.

Posteriormente cambié las bujías incandescentes, la bocina, la batería y el cableado", explica.

"Lo que más costó reparar fueron los cables, que tenían muchos años y además algunos ratones los habían mordido, como los que van a la chapa, a la tierra (masa o negativo) del motor, al relay del partidor. Estos últimos me costó mucho pillarlos", sostiene. También le cambió los focos, los filtros y le mandó a hacer una parrilla. Para alfombrar el interior recurrió a un local de Avenida Matta y no tocó la pintura blanca. Una marca lo auspició para cambiarle los cinco neumáticos (RI 5-MT). Todavía le queda pendiente lo relacionado con la calefacción, aunque mecánicamente está impecable.

"Por dentro es bien rústico porque (fue diseñado) para llevar tropas. No tiene aire acondicionado, tampoco alzador eléctrico de vidrio. Viene de fábrica con dos asientos diagonales, entonces quedan sentadas ocho personas. El dueño se los sacó y yo le puse otro asiento transversal para mis niños", cuenta.

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