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Gonzalo Fouillioux cuenta los momentos dulces y amargos que vivió con su padre

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Gonzalo Fouillioux cuenta los momentos dulces y amargos que vivió con su padre

Gonzalo Fouillioux dice que una de sus luchas constantes es con el insomnio. Preocupado de estar siempre bien preparado para emitir algún concepto o comentar determinada disciplina, el periodista cuenta que ese tipo de preocupaciones no le dejan tener un buen dormir. "Y si uno no descansa bien, no funciona bien tampoco. Es algo que trato de controlar", apunta.

A Fouillioux le gusta estar bien preparado. Lo que más le atormentaría es tener que ir a comentar de un partido que no vio. "Eso no puede pasan Si vas a hablar de algo, tienes que estar informado. Una equivocación se convierte en segundos en un meme en Twitter. Soy demasiado crítico conmigo mismo e insisto en que eso de la fama te puede liquidan Trato de ser yo mismo en lugares de trabajo donde hay excelentes profesionales", sostiene.

-¿Siente que ya dejó de ser "el hijo de"?
-Fíjate que eso jamás ha sido tema. Entiendo que soy hijo de alguien que jugó un Mundial y estuvo muchos años en televisión. Es mi primera escuela y sé que, si mi papá estuviera vivo, me estaría diciendo lo mismo. Sería muy perfeccionista mi viejo. Pero tampoco es cargar una mochila o tener el fantasma de Tito Fouillioux. Mi viejo fue mi mayor ídolo. Uno a veces lee cosas, pero más que críticas son buenos comentarios. Obviamente que uno, al ser hijo de Tito Fouillioux, tiene muchos privilegios.

-¿Por ejemplo?
-Tener acceso a estar con grandes jugadores cuando era un niño y después más grande. En vez de salir a andar en bicicleta o estar viendo Mickey Mouse, yo estaba con mi papá en Santa Laura viendo Unión Española con Palestino, comiéndome una mechada con una Coca-Cola. Y eso siempre me fascinó. Mi vida era estar con mi papá en la radio o en Canal 13. Además, ver que lo saludaban con mucho afecto, a uno lo llenaba de orgullo. Quizás algunos pueden decir que uno está aquí o allá por ser hijo de... Por eso trato de perfeccionarme día a día. Qué el Maestro Tabárez le dijera: "Hola, Tito, ¿cómo estás?", para mí era genial. O estar con Diego Forlán tomándome un café, son cosas que uno las disfruta. Pero jamás he tratado de sacar provecho de eso. El periodismo me fascina y por eso trato de hacerlo bien.

-¿Es difícil ser hijo de Tito Fouillioux?
-O sea, yo tenía acceso a estar en camarines y con jugadores, cosas que otros niños no podían y eso siempre uno lo agradece. Además no iba al colegio por acompañarlo a todos lados y tenía rojos en matemáticas. Pero también tenía mis responsabilidades. A mi viejo lo querían mucho, pero también nos tocó vivir cosas complicadas, como su enfermedad. Las diálisis eran terribles para él. Hubo cosas muy lindas y otras no.

-¿Ingratitudes?
-Cosas que pasaron. Por ejemplo, él siempre me acompañaba a jugar los días domingo y una vez no fue. Me pareció extraño. Yo al otro día me iba de gira de estudio a La Serena y, cuando paramos en Los Vilos, veo la portada de "Las Últimas Noticias" que decía que mi papá estaba en Capuchinos. Obviamente para mí fue un viaje para el olvido. Después en el colegio uno se daba cuenta que hablaban de las cosas que le pasaban a mi papá. Fueron cosas complicadas. O tener que estar repartidos con mi hermana en casas de familiares por la situación que pasó mi papá. Fueron momentos complicados, pero no tienen comparación con lo que vive la mayoría de la gente en Chile. Pero son cosas duras que a uno le tocó vivir. Además darse cuenta de que, cuando estás bien, hay muchos amigos y, cuando no, desaparecen. Por eso digo que hay que tener un equilibrio.

-¿Qué cosas le hicieron inflar el pecho cuando estaba con tu papá?
-El cariño constante de la gente. Algo muy bonito fue cuando íbamos al estadio con mi viejo, se acercó un hincha y le dijo: "Usted es grande por dos razones: una porque es un ídolo de la UC y, segundo, porque lleva el riñón de un amigo". Eso me dejó marcando ocupado. Lo otro bonito fue cuando Universidad Católica me mandó de regaló un pedazo de tablón de la tribuna que lleva su nombre en San Carlos de Apoquindo.

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