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Cristian Castañeda

"Lo único que quieren ahora es que salga. No me quieren ni ver en la casa. Antes se lamentaban porque no estaba los fines de semana que nos tocaba jugar y estaba concentrado. iCómo cambian las cosas!", bromea Cristian Castañeda, ex jugador de Palestino, General Velásquez, Universidad de Chile, Everton y mundialista de Francia 98.

El popular Scooby de la U comenta que, pese a estar nueve meses sin trabajar producto de la pandemia, ha vivido cosas muy importantes en lo familiac "No me sobra el dinero, pero estamos tranquilos. Por suerte, en mi época de futbolista me compré unos terrenos en San Vicente y los tengo en arriendo. Además, sacamos nuestro diez por ciento de la AFR Ahí me muevo. Siempre fui ordenado y algo visionario", explica el hombre de El Naranjal.

Ex lateral de los azules, el segundo defensa más goleador en la historia de Universidad de Chile, tras Matías Rodríguez, también lateral, estuvo trabajando en la municipalidad de Pudahuel, que tenía convenio con la U. "Tuvimos una rama femenina y masculina. También estuve en San Joaquín y en la escuela matriz de Universidad de Chile en el CDA. Con la pandemia todo se paró, pero durante estos meses de confinamiento hemos tenido, en el último tiempo, puras buenas noticias", sostiene.

El 27 de septiembre, nueve días después de su cumpleaños 52, llegó su primer nieto. "Amaro se llama y me tiene vuelto loco. Así que estamos muy chochos en la familia con mi nieto. No pensé que sería abuelo tan pronto. Lo digo en serio", dice Scooby.

-¿Por qué no lo esperaba?
-Porque nuestras hijas, Pía y Daniela, son muy independientes Están mentalizadas en sus profesiones (agronomía y nutrición, respectivamente). Igual Jorge, que está en primer año de educación física. Por eso no lo pensaba. Fue un chiripazo y un momento muy lindo. Espero que vengan más. Por eso te decía que si bien ha sido una pandemia complicada, nuestra familia y ahora Amaro nos tienen llenos de vida con Patricia.

-Se nota que están chochos con su esposa.
-Felices con la familia que hemos formado. Con Patricia llevamos cerca de 37 años juntos. Comenzamos a salir cuando yo tenía 15 años y ella 12. Eran otros tiempos. Nos conocimos en los campeonatos que se organizaban en San Vicente. Ahí pinchamos y desde entonces tenemos una linda relación.

-Eran bien niños.
-Jajajá. Fue todo un cuento. En el campo los papás eran súper estrictos. Así que imagínate como era el asunto. Nos casamos cuando ya estaba en Palestino, hace 28 años. Pero meses antes, Patricia quedó embarazada de Pía, la madre de nuestro nieto Amaro, Amaro Hermosilla. En esos tiempos era poco menos que un pecado ser papá antes del matrimonio, así que con Patricia ocultamos el embarazo.

-Por miedo al suegro.
-Imagínate. Cuando nos casamos, se supo la verdad. Después llegaron Daniela y Jorge. Y cuando parecía que la fábrica se había cerrado...

-¿Gol en el minuto 90?
-Jajajá. Claro. Un chiripazo, digo en broma, y llegó nuestro Martín, que ahora tiene siete años, y que tenemos para pasar la vejez con Patricia. Nuestro conchito, a quien siempre le digo, gracias a la tecnología, que algo hice en el fútbol. El más chico siempre ve videos de cuando yo jugaba a la pelota. Bueno, todavía juego y le gusta. En una de esas, se suma a la dinastía de los Castañeda.

-Y el nieto también.
-Ah, claro. Lo único que quiere uno es que crezca y pueda ser futbolista. Ojalá. Si no, que haga lo que quiera. Están muy chicos los dos. Jorge jugó, pero optó por los estudios.

-¿Y usted? ¿Ha seguido jugando?
-Claro, en El Barrancón tenemos un equipazo. Ahí juego con Eric Lecaros. El campeonato pasado perdimos un puro partido. Seguimos dándole a la pelotita. Ahora no más, y no me quiero ni acordar, he estado medio complicado de la cadera. Mejor cambiemos de tema, jejejé.

-Al final se recuperó de la acromegalia que lo aquejó y que lo hizo subir de talla en los pies.
-Alos 18 años todavía tenía cuerpo de un niño de 12. Y después, cuando viejo, me pasó esta enfermedad. Me operé en dos ocasiones. Estuve un año tomando pastillas y después me operaron. Me controlo pero estoy bien. Igual fue todo tan raro. Cada vez que iba a comprarme zapatillas, me subía la talla del pie. Ahí me llamó la atención. Si no es por una tía que me vio en la tele y me dijo que me encontraba extraño, no habría detectado la enfermedad. Ella me dijo "vaya al médico" y fui a un cardiólogo. Ahí me derivaron a un endocrinólogo y me detectó la enfermedad. Por suerte, eso quedó atrás. Pero me gasté bastante dinero. Ahora estamos bien.

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