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Miguelo reabrió su restaurante: instaló una mica para poder cantar

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Miguel Esbir

Miguel Esbir (63 años) se emocionó varias veces el martes en la noche. En la terraza de su restaurante Patria Vieja, el cantante dice que sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas a medida que empezó a llegar gente. "Estaban mis hijos, parte de mi familia y amigos apoyándome. Hubo personas que llegaron hasta con regalos. Todavía ando un poco tiritón después de tantas emociones juntas. Más encima, el barman me falló y yo estuve de cajero y con la guitarra", relata el empresario gastronómico.

-¿Cómo se siente ahora?
-Como el ave fénix, recién empezando a resucitar.

La razón de tantas emociones desbordadas se debe a que Patria Vieja fue inaugurada con bombos y platillos el 5 de octubre del año pasado. Luego, dice el cantante, vino el estallido social y las ventas bajaron. El tiro de gracia llegó en marzo con la pandemia. "No sabemos qué va a pasar en una semana más. Pero igual estoy optimista, esperanzado e ilusionado", asegura.

Miguelo fue cauteloso y no reabrió su local cuando los restaurantes de Vitacura pudieron hacerlo el 2 de septiembre pasado. "Quise esperar que pasara al menos un mes para ver si había un rebrote. Yo soy respetuoso de todas las normas sanitarias, pero me hacía ruido el aforo. Tengo capacidad para 160 personas y sólo puedo recibir 40. No me convenía en las condiciones que estaba arrendando el restaurante. Pero conersamos con los dueños, que son unos empresarios de lujo, y llegamos a un acuerdo", relata.

Aparte de eso, debió invertir para remodelar el lugar ubicado en Avenida Vitacura 4130: "Pensé que era una manito de gato nomás, pero en la marcha me di cuenta de que tenía que poner billete. Tuve que arreglar la terraza completa, armar el equipo nuevamente y hacer una carta nueva. También instalé una mica de 1,60 metros por 1,80 metros en la terraza para poder cantar sin mascarilla y que la gente me vea. Tú sabes que el guitarreo nunca puede faltar. Me falta la pura ducha para estar en mi casa de vidrio, jajajá".

-¿Por qué una carta nueva?
-Antes del estallido social yo armé una carta de acuerdo con la cantidad de gente que podía recibir. Con el aforo de 40 personas estamos hablando de condiciones muy diferentes, tuve que adaptarme. Tuve que escanear la carta para tenerla en código QR. Mi local es entretenido, tenemos muy buenos tragos, es para venir e instalarse un rato. No es una fuente de soda, donde uno come algo a la rápida y se va. Ahora instalé la barra en la terraza para que la gente vea al barman preparando los cócteles.

-¿Qué pasó con el negocio de las tortas?
-Todo lo que he hecho valió la pena. Lo voy a seguir haciendo por supuesto. Las tortas me salvaron. Estiraron el elástico para poder llegar a esta reapertura. Mi bandera durante esta pandemia ha sido la humildad y la dulzura.

-¿Siempre es tan optimista?
-Lo llevo en la sangre. Mis padres eran inmigrantes (el papá sirio y la mamá española) y me enseñaron que todo trabajo es digno. De ellos aprendí el valor de la resiliencia, de que no hay que tomarse todo tan en serio. He tenido una vida donde me ha pasado de todo, con momentos buenos y otros malos, y siempre me levanto. Se lo he inculcado a mis hijos. Ellos se dan cuenta cómo tiro para arriba siempre. Eso me mantiene con actitud y creativo.

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