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El solitario final de Cupertino Andaur en su celda

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El solitario final de Cupertino Andaur en su celda

Pasadas las 8 de la mañana de este jueves, los presos de la torre 1 del penal Colina 1 accedieron a lo que llaman "desencierro". Pero uno de los presos de la celda 26 no salió. A las 8.35 horas el personal de Gendarmería encontró muerto a Cupertino Andaur, que con 70 años cumplía condena perpetua por el homicidio y abuso del niño de 8 años Víctor Zamorano Jones, tras ingresar a la casa de su familia en Lo Curro con la intención de robar. Perpetrado el 31 de diciembre de 1992, el hecho conmocionó tanto al país que no fue olvidado y los medios lo revivían de cuando en cuando.

En sus últimos días, Andaur compartía celda con otros dos adultos mayores y padecía diabetes e hipertensión. De hecho, poco podía hacer desde el inicio de la pandemia y no recibía visitas. No se informó la causa del deceso.

Mea culpa

El periodista Carlos Pinto escuchó de esta muerte mientras estaba al aire en Chilevisión. "Enterarme me llevó a la entrevista más dura que he tenido", cuenta Pinto. Se trató de dos encuentros ocurridos en 1993, poco después de que el delincuente fuera detenido por el crimen. Por entonces Andaur estaba en la ex Penitenciaría y mandó a llamar al rostro de "Mea culpa". La primera de esas entrevistas duró 3 horas y, debido a que el detenido exigió que las cámaras quedaran fuera, no hay registros. Pero fue una experiencia tan fuerte para Pinto que jamás ha podido olvidar la mezcla de emociones que le generó.

"Andaur tenía 42 años, pero se veía peinado de canas prematuramente y con surcos en el rostro. Me contó de su vida, de su infancia dura, de la muerte temprana de su padre, de cuando abandonó el colegio y se echó a la calle para conseguir dinero para su madre. Desde joven se convirtió en ladrón consumado y ya había pasado 30 años en hogares de menores y cárceles, donde aprendió a leer de adulto", menciona Pinto. "Pedí que no lo esposaran y tomamos café al conversar. Pudo haberme agredido, pero yo despierto respeto y confianza. Él era peligroso porque llegar a la cárcel no significaba nada, era como volver a su casa", agrega.

Pinto cree que Andaur lo mandó a llamar para contarle a alguien sobre los detalles del asesinato. "Hasta ese momento, él no había sufrido condenas largas y evitaba dañar a sus víctimas. Pero comenzó a relatar la forma en que el niño murió y me dio mucha rabia, impotencia. Me trasladé a ese instante y me emocioné. Yo tenía los ojos vidriosos, con lágrimas contenidas. Lo increpé, ¿Cómo pudiste hacerlo? Y no me respondió directamente sino que con una aceptación sin palabras. Trato a los entrevistados como personas, pese a las acusaciones, pero este caso me golpeó muy duro. Salí de la entrevista preguntándome ¿qué hago con esto? ".

-¿Y el detenido le dijo por qué lo hizo, Carlos?
-Me dio una versión que dista de la oficial y que he guardado por largo tiempo por respeto a la familia de la víctima. Contó que había recibido "un encargo" en la cárcel y que se dedicó a planificar el hecho, entrando tres veces previas al domicilio. Pero cuando lo entrevistamos por segunda vez, con cámara, dio una versión que se ajusta a la oficial, es decir que ingresó a robar y que actuó impulsivamente contra el menor. A mí no me consta que su versión original fuera real y la verdad, preferí no explorarla. Contar sólo la verdad de Andaur sin contrastarla hubiese sido irresponsable.

-¿Qué pasó con la grabación?
-No fue emitida por decisión de TVN. Se nos pidió postergar el episodio y entendí que significaba que no lo hiciéramos. No fue censura pues no terminamos la investigación ni el capítulo.

"Me hizo sentir una mezcla de emociones: risa, miedo, rabia, dolor y mucho interés. Todas esas sensaciones e ideas me sirvieron de inspiración para mi novela El silencio de los malditos (2018), en que me baso en la vida de Andaur, por supuesto con bastante ficción. Me hubiese gustado despedirme de él, en serio", dice Pinto.

El criminal también dejó una huella en Osvaldo Carmona, subprefecto de la brigada de homicidios de la PDI en esos años. 'Yo no doy entrevistas. En todo caso, ufff , nos causó mucho impacto la muerte del menor. A nosotros a veces nos quedan pendiente cosas que incluso los familiares olvidaron y nosotros nunca olvidamos", afirma.

El lavandero

Fernando Reyes, editor general de "Chilevisión noticias", entrevistó a Andaur, el 2004. "Fue para el programa En la mira . Costó mucho convencerlo", dice. Pero Cupertino veía al entonces lector de noticias Alejandro Guillier recomendar libros en pantalla, por lo cual solicitó que a cambio le llevaran ejemplares.

"Junté dos cajas de libros y se las llevé. Por entonces él era el encargado de la biblioteca de Colina 1. No era el típico delincuente: leía mucho y sabía de actualidad. En prisión era súper respetado, a diferencia de otros abusadores de niños, porque se le conocía como un ladrón de casas ABCI . Había estado a cargo de la lavandería y se armó una minipyme: lavaba la ropa de otros presos", recuerda.

En la entrevista relató otra vez cómo actuó esa noche. "Asumió la responsabilidad, pero además contó sobre su vida, sus problemas de infancia y otros hechos. Me sorprendió por la forma en que habló, pero no le creí nada cuando pidió perdón a la familia de la víctima, se justificaba mucho con la miseria que había pasado", menciona Reyes.

En 2017, Andaur pidió una revisión de su pena, pero fue denegada. Se quedaría en prisión.

No más entrevistas

El año pasado fue contactado por Enrique Vallejos, el capellán de Colina 1 .

"Una periodista me pidió interceder para una entrevista. Cupertino me dijo que se encontraba bien, aunque lo vi obeso. Conversé con él y me dijo que prefería no hablar con los medios porque pensaba que perjudicaría su causa. Esperaba salir, pero es sólo una ilusión que mantienen los presos. Cupertino no era religioso, como sí lo era Carlos Castro, uno de sus compinches en el asalto fatídico que venía siempre a misa", cuenta el sacerdote.

-¿Y qué pasó con ese cómplice, Enrique?
-Murió el año pasado apuñalado por los mismos presos.

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