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Pistola Flores cuenta cómo se sostiene en la crisis

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Pistola Flores cuenta cómo se sostiene en la crisis
Los caminos de Cristián Flores, ex jugador de Wanderers, Colo Colo y la Selección chilena, entre otros equipos, lo llevaron después de su retiro en el 2001 a ser portuario, repartidor de pan, futbolista amateur, director de su propia escuela de fútbol y ahora un eximio vendedor de paltas en Valparaíso. El popular Pistola, de 48 años, agarra su auto Nissan Sentra año 1996 para llevarle el apreciado fruto a su fiel clientela por los cerros del puerto.

"La gente come harta palta y yo la doy a buen precio. No me voy a ganar la plata con los vecinos que lo están pasando mal. A veces les pongo una o dos paltitas de yapa. Con una palta más o una palta menos no me voy a hacer ni más rico ni más pobre. Me sé reinventar, no soy de esos tipos que se quedan en la casa esperando alguna ayuda. También veo ofertas en tiendas de ropa a través de aplicaciones y si puedo la revendo más barata, pero entre la crisis social y el bicharraco que anda ahora, se vende menos aunque sigue siendo otra pequeña fuente de ingreso", cuenta Flores.

El Pistola explica su metodología para la venta de la palta. "Le aviso a un cliente que inicio la entrega a las 10 de la mañana, hago mi ruta durante unas horas, luego compro las cosas para el almuerzo y me devuelvo a la casa. Salgo otra vez como a las cuatro de la tarde y a las ocho estoy de regreso. Cada noche hago un listado de lo que me encargan para el otro día. Trabajo de lunes a sábado y si un domingo debo viajar a buscar paltas, lo hago. Entre mis mejores clientes está don Mario Cabañas de MetalValpo y la vulcanización "Los sicarios del humor", con el chico Lucho, chico Riqui y el Loco Cristian", asegura.

"Salgo de mi casa en el cerro Mariposa y puedo ir a cualquier punto de Valparaíso. Me muevo por todos lados y si una viejita quiere sólo un kilo de palta, se lo llevo igual. No le voy a estar cobrando la bencina, poh. Voy dos veces a la semana al interior de la Quinta región a buscarlas y cargó el auto con unos 70 kilos de palta, entre el maletero y los asientos traseros. Tengo tantos contactos vía WhatsApp, Instagram y Facebook que las compro sabiendo que están todas vendidas y después solo hago la entrega. También ando con toallas, polerones, medias y otras cosas por si sale alguna venta express de eso", agrega Flores.

El ex volante estaba chocho con su escuela de fútbol en el cerro Mariposa, con cerca de 60 niños y niñas, quienes salían a jugar torneos por la región hasta que llegó la pandemia. Lo complementaba repartiendo pan por los negocios de Valparaíso todo el día, de siete a 22 horas por 25 mil pesos diarios, pero se le fundió el motor de su Nissan y lo tuvo parado por 10 días. Su ex jefe no lo ayudó con el arreglo y prescindió de sus servicios.

Flores está casado con Gloria, tiene cuatro hijos y cuatro nietos. Al mundo de las paltas llegó gracias al fútbol.

"Antes de la pandemia jugaba todos los días y quedaba con la rodilla izquierda molida. Me retiré del fútbol profesional porque me rompí los meniscos, cartílagos y la rótula. Me operé y no jugué más, aunque estoy bien: mido 1,78 metros, peso 85 kilos y sigo entrenando en el patio, la calle o los cerros. La gente me ve correr con paracaídas en la espalda, peso en la piernas o haciendo ejercicios con conos. Estaba jugando en los torneos amateur por las categorías seniors y los rivales igual me respetan. Conmigo les sale el tiro por la culata, yo guapeo todavía, aunque evito los roces. Si me pegan, les doy duro", relata.

"En algunos equipos juego de líbero, a veces de volante y hasta de puntero izquierdo. En Valparaíso reforzaba algunos clubes a lo amigo, en los campeonatos nocturnos y me pagaban con un sándwich y una bebida. Y en otros, como el Flecha de La Ligua o el Villa Independencia de La Cruz, siempre me pagaban unas 40 lucas por partido y sus cinco a 10 kilos de palta. Así empecé; las ofrecía a los amigos, onda te doy tu kilo por dos lucas y media. Ahí conocí al Fósforo, de quien no recuerdo el nombre, pero es mi actual proveedor".

-¿Usted es como una aplicación humana para vender paltas?
-!Obvio! Soy pura inteligencia y como tengo todo vendido antes de ir a buscar, me traigo unos kilitos de más por si alguien queda picado y quiere más de lo que encargó. Siempre ando con unos 20 kilos extras para vender.

¿Y gana plata con las paltas? ¿Es rentable?
-Gano unas 120 lucas por semana aproximadamente. Me hago entre 450 a 500 mil pesos mensuales. Una plata que, ojo, pocos están ganando en estos tiempos.

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