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El éxito de las ferias montadas en áreas comunes de varios edificios
Denisse Acosta junto a su marido Freddie Silva estuvieron varias semanas sin trabajo a consecuencia del freno productivo que se vive en buena parte del mundo a causa del Covid-19. ¿Qué hicieron? Con los pesos que alcanzaron a juntar armaron un puesto de feria, con frutas y verduras, para ofrecerlo a las comunidades que sufrían con las cuarentenas y la distancia social.

"Empezamos con una comunidad, después salió otra y ahora tenemos diez edificios", cuenta Acosta, que está a cargo de la parte comercial de Tu Feria Móvil (hÜps://bit.ly/3cNHzlj), emprendimiento que se masificó mediante contactos de WhasApp y datos entre administradores de las distintas comunidades.

"Tenemos espacios en La Florida, Chicureo, San Miguel, Ñuñoa. De hecho, estamos con dos puestos al mismo tiempo algunas veces", comenta Acosta, expansión que los tiene dando trabajo a personas que, como ellos, también quedaron sin pega. "Contactamos a la gente sin trabajo y les pagamos por vender los productos", dice.

Dos pájaros de un tiro

"En nuestras propiedades hay mucha gente de edad y estaba la necesidad de adquirir productos que no están en almacenes ni en el supermercado", comenta Francisco Jiménez, coordinador de Alerce Administración y Copropiedad, empresa que sin hacer mucho ruido ejecutó la idea en un edificio para terminar extendiendo el servicio a todas las comunidades que administra.

La misma realidad es la del condominio Los Navegantes de La Florida, cuyo administrador, Carlos Silva, ejecutó la instalación de un puesto de feria en un estacionamiento en la superficie. "Es una idea muy buena porque nos permitió matar dos pájaros de un tiro: entregar un servicio esencial a la comunidad y reducir el tema de la gente saliendo y entrando del condominio para ir a la feria", asegura.

Seguros y felices

Como la preocupación de todos es la salud, algunas comunidades han coordinado mediante WhatsApp un cronograma donde los residentes bajan en un horario determinado a comprar al estacionamiento, aunque según Silva, todos se portan bien. "La gente toma las medidas necesarias, usan alcohol gel y mantienen la distancia porque el espacio es grande. Hay mucho respeto en ese sentido", asegura.

Por eso y más, los vecinos agradecen y aplauden la idea. "Mucha gente está agradecida del servicio. Siempre hay alguien que se queja al administrador por cosas como que va a quedar sucio el suelo, pero al final compra igual", cuenta Denisse, cuyo servicio incluso beneficia a los que están afectados por el Covid-19. "A veces nos piden la bolsa de la gente que está encerrada y uno va, se la deja en la puerta y el conserje le avisa que está listo", agrega.

De permisos, ni hablar. Considerando que esta dinámica no viola ningún reglamento de la Ley de Copropiedad, la instalación de un puesto en su comunidad requiere de aprobación de la administración y el comité. "Se necesita una autorización de la administración y este consulta al comité de administración del edificio, lo que es una formalidad interna para no pasar a llevar a nadie. Y dada la contingencia prima lo más conveniente, por eso nadie puso reparos, cuenta Silva.

¿Y después?
Aunque nada es seguro a estas alturas, ante la posibilidad de que las cuarentenas desaparezcan y la movilidad retorne, Denisse cree que no volverá a lo de antes. "Si nos organizamos bien yo creo que vamos a formalizar más esta empresa. Genera ingresos sólidos y es un rubro muy útil para la gente, entonces lo más probable es que extendamos este servicio en el tiempo", cuenta.

Carlos Silva también ve con buenos ojos la extensión de este servicio, aunque pone paños fríos. "No sé si se va a justificar pues con las ferias funcionando normalmente las ventas quizás bajarán, pese que a la gente mayor le interesa tener las cosas ahí mismo. La intención mía es que sigan", dice, resuelto.

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