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Daniela Nicolás cuenta cómo volvió con los papás por la crisis

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Daniela Nicolás cuenta cómo volvió con los papás por la crisis
Si no fuera por el coronavirus Daniela Nicolás (27 años) estaría viviendo en su departamento de Santiago con su hermano menor Carlos (24) y trabajando en su estudio de maquillaje. Viajaría de vez en cuando a Copiapó para visitar a sus papás y como buena influencer seguiría asistiendo a eventos.

Pero la aparición del primer caso de Covid-19 en Chile, el 3 de marzo pasado, cambió todo. Daniela y su hermano Carlos volvieron a vivir a la casa familiar en Copiapó. "Nos vinimos a principios de marzo con mi perrito (Milo) en auto. Mi papá y yo somos del grupo de riesgo. Él tiene diabetes y yo la enfermedad diferenciada del tejido conectivo, que es autoinmune. Me salen manchas en la piel color púrpura y artritis en las articulaciones. Los remedios que tomo hacen bajar las defensas del organismo", cuenta la actriz de la teleserie "Gemelas" (Chilevisión).


-¿Cómo ha funcionado la convivencia, Daniela?
- Tuvimos que adecuarnos los cuatro porque mis papás (Carlos Nicolás y Lupe Gómez) llevaban un tiempo viviendo solos y con mi hermano también. Yo me fui de la casa a los 17 años. Ellos han tenido que darse cuenta de que ya no somos chicos. Es muy distinto venir de visita o que ellos viajen a vernos a Santiago que estar nuevamente viviendo juntos.

-¿Hay normas que deben cumplir?
-Los almuerzos y comidas siempre son en familia, aunque mi papá se atrase en su trabajo. Pero tratamos de hacer cosas entretenidas también. Una vez por semana comemos al gusto de uno de los cuatro. Somos muy dulceros y preparamos postres juntos. Hemos hecho suspiro limeño, pie de limón, queques, turrón de vino y volcán de chocolate. Nos sentamos a ver películas comiendo cabritas. Nunca me imaginé que mi cuarentena sería así, pero me propuse aprovecharla.

-No debe ser fácil igual.
-Obvio que no. Yo estoy estudiando periodismo y lenguaje de señas de forma online. En la casa hay ruido, pero todos estamos en la misma, tampoco les puedo pedir que se queden callados. El otro día pasó mi papá y le dijo a la profesora "espero que a mi hija le ponga puros 7" y todos mis compañeros se rieron. Después le dije "papá, ya estoy vieja, así que esas tallas, por favor, no". Mi mamá también se metía siempre y un día la profesora la invitó a que se quedara a la clase. Ha sido divertido también. Mi papá es bien conservador, le encanta todo lo que hago, pero no le gusta verme con poca ropa en la teleserie o dándole un beso a un actor.

-¿Qué pasó con el departamento de Santiago?
-Es mío, muy bueno y hay que cuidarlo, así que lo cerré nomás. La idea es no venderlo porque es mi única inversión. Mis papás me apañan en eso y volví a ser una chica mantenida. Ellos me ayudan a pagar mis cuentas. Es frustrante, pero somos hartos chilenos que estamos desempleados. No vale la pena amargarse. Con la Daniela Urrizola estamos haciendo la campaña "Partamos por algo" en Instagram para ayudar a familias que lo necesitan y eso me tiene entusiasmada. Siento que desde Copiapó puedo aportar con algo concreto.

-¿Y el estudio de maquillaje?
-En febrero firmé un contrato de arriendo por un año con un local de Las Condes. Iba a empezar en abril. Tuve que pagar seis meses de arriendo de una. Con eso se me fueron los ahorros.

-¿Cómo ha estado de la enfermedad autoinmune?
-En el verano tuve una crisis súper fuerte y tuvieron que subirme las dosis de los remedios. Lo más molesto es la artritis, a veces resulta un poco invalidante. El kinesiólogo me manda los ejercicios que tengo que hacer por WhatsApp y el sicólogo me atiende por Zoom y me ayuda a llevar todo de mejor manera. Trato de mentalizarme de manera positiva porque las enfermedades autoinmunes se hacen más críticas en situaciones de estrés. El lenguaje de señas me relaja harto, también jugar con los perros.

"Una oportunidad"

"En este tiempo me ha tocado ver casos de hijos que deben volver a vivir con los papás", destaca Tatiana Jadue, sicóloga de la Clínica Las Condes. "Es una situación que para nadie resulta inocua. Puede pasar que se reactiven dinámicas familiares de cuando los hijos eran adolescentes y se produzcan conflictos. O también se puede ver como una oportunidad y un desafío de volver a conocerse. Los papás viendo a sus hijos como personas distintas, adultas y autónomas. No deben infantilizarlos, deben ser acogedores con ellos", propone la profesional.

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