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Marina Vázquez
Los entrenamientos de Miguel Pinto en el patio de su casa tienen todos los implementos necesarios para un arquero profesional, incluyendo un arco de madera que logró construir gracias a su esposa, la abogada argentina Marina Vázquez. Entre ambos reciclaron madera en desuso para redondear la faena del meta de Colo Colo. Marina cuenta cómo nació la idea de darle una mano a esposo. "La madera eran las tablas de un deck que yo cambié cuando mi hija gateaba. Estaba en muy mala condiciones y decidí cambiarlo para que no se lastimara. Esas maderas quedaron tiradas y ya les encontramos un buen uso. No seguí, honestamente, nada de instrucciones porque obviamente Miguel tiene experiencia en arcos y yo soy más del bricolaje", cuenta.

"Simplemente discutimos sobre la mejor forma de lograr un apoyo firme y de cómo manipularlo, por el gran tamaño que tiene. El hizo la parte de fuerza, yo atornillé y pinté. Nos quedó divino al primer intento, jajajá. Hago trabajos de carpintería y en casa tratamos de arreglar y hacer todo nosotros, pero en lo relativo al deporte el arco es lo primero que he construido. Miguel hizo también una cancha de golf, aunque solo tenemos 4 hoyos. Él la hizo y yo le gano", agrega la abogada.

Pinto está feliz con el juguete nuevo que instalaron en el jardín y que se ha complementado a la perfección para sus entrenamientos, trabajo con balón y juegos familiares "El arco lo construimos juntos con mi señora, le pusimos empeño y ella lo amononó un poco. Quedó bastante bueno. Lo pintó y me ayuda un montón con mis entrenamientos. Queríamos reutilizar todas las cosas que no estamos ocupando acá en casa", sostiene.

"Estas maderas estaban sobrando y ante la necesidad de tener una portería para ambientarme a entrenamientos más reales se nos ocurrió la idea de hacer un arco. Estuvimos toda una tarde midiendo, poniendo tornillos y dejando el arco bastante seguro. No queríamos que ocurriera un accidente y al final quedó muy bueno. Ella mete taladro, tornillos y en eso es mejor que yo. Nos dejó contentos esto de reutilizar una madera que se iba a la basura", afirma el portero del Cacique.

Miguel Pinto y Marina Vázquez se conocieron en un viaje cuando el meta se fue de gira con la Selección en la era de Marcelo Bielsa. Ella es argentina, pero vivió muchos años en España, allá se tituló de abogada y tiene la nacionalidad. Tienen una hija pequeña, Emma, a quien le gusta ver los entrenamientos de su papá. La familia Pinto Vázquez disfruta mucho la vida familiar, inventan juegos e incluso, gracias al arco, han inventado apuestas durante el último tiempo.

"Ella lo supervisó y dio el visto bueno tras terminarlo. Siempre tratamos de hacer cosas entretenidas para divertirnos con nuestra hija. Yo entreno fuerte abajo del arco y después hacemos ronda de penales. Patea unos 12 0 10 tiros y por ahí me hizo un gol. Lo hacemos para pasarlo bien en familia. Marina está siempre pendiente de todo y me motiva para mantener la forma física que se necesita. Me graba los entrenamientos cuando puede porque hay veces que está con la niña. Reviso los videos por si los ejercicios quedaron bien o si hay que modificar algo, después se los envío a los profesores que me han ayudado con estos ejercicios y algunos los subo a redes sociales", cuenta el colocolino.

"Casi siempre es él quien graba sus entrenamientos porque normalmente estoy con mi hija en otro sector de la casa para no interrumpirlo, pero cuando no logro persuadirla lo vemos y si me gusta el ejercicio o Miguel quiere ver algún movimiento al detalle, lo grabo yo. Lo revisamos para ver si debe repetirlo y yo suelo ser muy crítica con él. Así que hasta que no queda perfecto no para y creo que también es una buena forma de ayudarlo", dice Marina Vázquez.

-Miguel bromea que debe mejorar pateando penales.
-La verdad soy bastante mala. Tuve que pedirle que me enseñe un poco de técnica antes de empezar. Pero me esforcé bastante y se están viendo los resultados. Hablando en serio, estuve varios días pensando que sería bueno que tuviera a alguien que le patee para no perder el ritmo y yo, sabiendo lo pésima que soy, no me animaba y no quería perjudicarlo. Así que le pedí que me enseñara, le puse voluntad y le marqué dos después de patear unas cuarenta veces jajajá.

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