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▷ Laura Urruticoechea y Nicolás Jarry: Polola cuenta cómo la conquistó

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Laura Urruticoechea y Nicolás Jarry
Hace dos años y medio, Laura Urruticoechea (24) fue invitada a una reunión de amigos.

La estudiante de ingeniería comarcial de la Universidad de Los Andes, terminó yendo hasta la casa de Carlos Cuevas, conocido como el None, un amigo de Nicolás Jarry.

"Ahí el Nico, bien confianzudo, se me sentó al lado y nos quedamos conversando un buen rato, hasta que le sonó la alarma. Se tenía que ir a dormir, igual que una cenicienta, porque al día siguiente debía viajar a Montevideo". Así recordó la polola del tenista el momento en que conoció al nieto de Jaime Fillol, quien por estos días cumple una sanción por doping. La Federación Internacional de Tenis (ITF) lo castigó con 11 meses de suspensión, a pesar de que el chileno sufrió una contaminación cruzada, en el laboratorio brasileño que lo surtía de vitaminas, según se comprobó. Como ya había cumplido cuatro meses de castigo, Jarry volverá a las canchas en noviembre.

"Eso, claramente, fue muy duro, pero estoy segura de que nos hará más fuertes", dijo Urruticoecha, quien en realidad se apasiona mucho más recordando su historia con el talentoso deportista.

Después de la repentina retirada de la fiesta, en la casa del None, ambos jóvenes siguieron viéndose. "Por suerte, fue fácil seguir en contacto porque a él le tocaba, en un par de semanas, jugar el Challenger de Santiago. Me empezó a mandar entradas para ir a ver sus partidos y, luego de eso, nunca hemos parado de estar juntos", relató Laura.

-¿Esa noche en la casa del None se enamoraron?
-Creo que esa noche hubo algo muy especial, que fue mutuo. Me conquistó su personalidad. Eso de sentarse a mi lado y escucharlo hablar de las cosas que había vivido. Se notaba que era alguien especial y, claramente, lo encuentro lo más guapo que hay.

-En todo caso, no es nada de tímido el joven Jarry.
-No es tímido, pero sí, medido. En todo, en realidad. Nico es súper educado. Tiene la personalidad para haberse sentado a mi lado y conversar, pero siempre tranquilito.

La relación entre Laura y Nicolás se ha fortalecido sobre la base de las cosas que comparten. "Nos gusta mucho la música. Disfrutamos un montón ir a conciertos. También, subir cerros y estar con Brako, nuestro perrito siberiano. La pasamos muy bien en las noches de karaoke con su familia. El único problema es que es muy difícil quitarle el micrófono a Nico. Nos reímos mucho. Sueño con que algún día le voy a ganar en el golf, pero los dos sabemos que eso nunca sucederá", confesó.

Hace poco, antes de la pandemia, fueron a un evento de la tienda Suntime, en el Mallsport, donde posaron ultra fashion con unos lentes, marca Carrera. "Nico tiene mucha personalidad para ponerse cosas. Además siempre escuchamos el consejo de su tía Cata (Catalina Fillol) para elegir ciertas cosas just for fun (solo para divertirse), y algo más atrevido", explicó.

Esa vez, se sacaron fotos con unos lentes, tipo aviadores. "Él siempre se ha sentido más cómodo frente a las cámaras. Le sale todo muy natural. A mí, no tanto, por lo que me tiene que ayudar para lograr una foto chora", dijo.

-¿Les gusta hacer alguna locura, de vez en cuando?
-No solemos hacer locuras, pero a fines del año pasado decidimos irnos de Viena hasta París. Es una distancia bien larga (1.256 kilómetros), pero decidimos hacerlo así para poder pasar a un parque de diversiones, que queda en la mitad del camino. Todo empezó muy bien, hasta que los trenes se empezaron a retrasar por las paradas que hacían. Eso nos dejaba muy poco tiempo para hacer las conexiones, hasta que al final perdimos un tren. Creíamos que íbamos a llegar tipo seis de la tarde, pero eran las 10 de la noche y seguíamos arriba de un tren. Como a las 11 de la noche, ya muy cansados, Nico se equivocó, sin querer, y nos bajamos una estación antes, en un pueblito alemán, en medio de la nada. Era como un estacionamiento, sin ninguna persona a la vista. Yo estaba sin batería en mi celular. Nico intentó avisarle a la persona que nos iba a ir a buscar, pero no le respondía. A las 12 de la noche, a él también se le empezó a acabar la batería. Ya se veía todo negro. Fue un alivio cuando vimos acercarse por el callejón a la van que nos tenía que recoger.

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