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Jaime Mañalich
Es la noche del viernes y el ministro de Salud Jaime Mañalich acaba de revisar el informe epidemiológico nacional por comunas cuando responde esta entrevista telefónica para analizar la semana más compleja desde que se inicio la pandemia causada por el coronavirus.

El miércoles, Mañalich informó de 4.038 nuevos casos, el jueves 3.964 nuevos casos, y "uno piensa que tal vez se está quebrando la tendencia al alza, pero el viernes volvimos a comunicar un récord con más de 4.100 nuevos casos (4.276)". Este sábado, al cierre de esta entrevista, el ministro anunció una disminución importante: 3.536 nuevos casos.

-¿De qué dependen estos aumentos y disminuciones en el número de contagios o muertes?
-De muchos factores y de cuestiones incontrolables, como cuánta gente se diagnostica, la cantidad de laboratorios que responden. Este domingo tal vez estemos de nuevo arriba.

-¿Cómo enfrenta tanta variación?
-Es agotador, porque uno piensa: ¿qué habremos hecho, qué faltará?

-¿Es emocionante para un médico estar enfrentando la mayor pandemia de nuestra historia?
-Emocionante no sé si es la palabra. Hay que estar, eso sí lo tengo claro.

-¿Qué es lo que más lo afecta de todo esto?
-Uno enfrenta un vértigo de trabajo y una sensación tremenda de humildad. Aquí somos en parte observadores y usamos los datos para tomar decisiones nuevas.

-¿Le sorprende las dimensiones que alcanzó la pandemia?
-Una cosa es hacer proyecciones, trabajar fórmulas, ver números que pueden servir para pronosticar los peores escenarios y otra muy distinta y dolorosa es ver a la gente hospitalizada, tener que acompañar al aeropuerto gente dentro de una cápsula plástica, con respirador, que tiene que partir a otra ciudad para salvarla.

Los hitos

-¿Esta es la situación más dura que ha enfrentado como médico?
-He tenido desafíos grandes. Cuando se encontraron con vida los mineros, el Presidente me pidió que mantuviera vivas a las personas que estaban a 600 metros de profundidad mientras lográbamos rescatarlos. Eso fue tremendo. También fue tremendo haber tratado directamente a más de 36 huelguistas de hambre mapuches en La Araucanía e intentar vencer su resistencia, porque querían de verdad morirse.

-En esos dos casos usted tuvo relación directa con personas. Esto es más difuso, más de número.
-Aquí uno tiene la preocupación por una comunidad, un colectivo, en que uno tal vez no distingue tan claramente las caras, como ocurría con los mineros o los huelguistas de hambre.

-¿Estamos en el momento más complejo de la pandemia?
-Indudablemente, es cosa de ver cómo aumenta día a día el número de contagiados y de muertes, cómo nuestro sistema de salud trabaja para enfrentar las demandas de camas, ventiladores, profesionales de la salud que están conviviendo con la enfermedad y con posibilidades de contagiarse que son reales y que alcanzan a más del 10%.

-Estados Unidos y Europa enfrentaron el Covid-19 a finales de su invierno, Chile lo enfrenta al inicio. ¿Esto empeora la situación para nosotros?
-No, a este virus no lo favorece el invierno, de hecho, dificulta su sobrevivencia en superficies. Prefiere el calor. El tema con el invierno es que aumenta el hacinamiento y disminuye la ventilación de los espacios que habitamos.

-¿La lluvia tiene algún efecto en la propagación del Covid-19?
-Ninguno directo. Su efecto más importante es sobre la contaminación, que permite disminuirla. Si el aire está contaminado, es más posible que nuestros pulmones estén más afectados y sensibles a contraer una enfermedad.

-Usted dijo esta semana que el Covid-19 es el único virus presente en nuestro ambiente. ¿Cómo es eso? ¿Solo podemos contagiarnos de Covid-19?
-Las medidas de aislamiento y protección que hemos adoptado en el último tiempo han permitido controlar a otros virus que eran comunes en períodos de invierno, como el de la influenza, el adenovirus o el que causa la parainfluenza. El Covid-19, por sus características y alta capacidad de contagio, ha copado el nicho ecológico.

-Esta semana se anunció la segunda semana de cuarentena en Santiago. ¿Es evidente que vendrá una tercera semana?
-Hoy no me parece responsable adelantar lo que va a ocurrir la próxima semana. Si los casos siguen aumentando, como lo han hecho en estos días, es probable que tengamos que extender la cuarentena.

-¿Y eso también podría implicar incorporar a la cuarentena ciudades aledañas a Santiago, como Valparaíso?
-Valparaíso no creo, veo que está bastante controlado y estamos preocupados de que así se mantenga para que responda como posible lugar de acogida para pacientes de Covid-19 de algunas zonas de Santiago. Es crucial acentuar la estrategia de aislar fuera de sus domicilios a los casos y sus contactos en las regiones que están al límite de necesitar medidas tan severas, específicamente para prevenirlas.

-Usted dijo en marzo que era probable tener que cambiar el plebiscito y que esta crisis sanitaria podía traer hambre. Ambos supuestos se cumplieron. ¿Qué vislumbra para los próximos meses?
-Lo que más me preocupa es la crisis social y que los actores políticos logren captar todo lo que está en juego. Esto está afectando la vida de las personas, la manera en que se relacionan y cómo acceden a alimentos, salud y otros bienes de primera necesidad. El Estado está haciendo un inmenso esfuerzo para lograr enfrentar estas carencias, pero es muy probable que traiga efectos sociológicos muy importantes, con expresiones de malestar (ver recuadro).

Ese 10%

-Ahora el trabajo de las autoridades de Salud está concentrado en entregar servicio hospitalario crítico y ha bajado un poco la preocupación por la prevención, la detección rápida, el seguimiento de contagiados. ¿Por qué?
-El aumento que hemos tenido de casos ha sido muy importante y sorpresivo. Otra dificultad es que hoy es mucho más difícil poder determinar el origen del contagio de los pacientes. Uno antes preguntaba al contagiado donde se había expuesto al virus y podía trazar el origen. Ahora no es tan fácil. La respuesta más común es "no sé donde me contagié", por ende, es difícil identificar y aislar a esas fuentes de contagio. Sin embargo, el tema del aislamiento sigue siendo prioritario, aunque hay zonas donde es muy complejo.

-¿Cómo van a enfrentar este periodo en las zonas más populosas de la capital?
-Extendimos por una semana las medidas de cuarentena y esto implicará también un endurecimiento de la fiscalización, vamos a aumentar en un 30% la presencia de carabineros en las calles para lograr que se cumplan las medidas en las zonas donde no vemos una baja sustancial en la cantidad de contagios.

-¿Qué nota le pondría al comportamiento de los chilenos en esta cuarentena?
-No quiero poner nota del 1 al 7, lo que podemos ver por el número de detenciones y partes aplicados a los infractores, que hay un 10% de la población que no está acatando las medidas de aislamiento. Por eso, vamos a intensificar los controles en esas zonas para tratar de disminuir drásticamente este porcentaje de infractores.

-¿Cree factible que termine pronto este período de aumento permanente de los contagios y las muertes?
-Hay luz después del túnel. Vimos luz en Punta Arenas, Osorno, Temuco, Chillán, Talca, Concepción, Arica. Santiago va a ver la luz al final de este túnel por el que estamos pasando. La clave es que entendamos que el remedio está en las personas, en nosotros, en lograr asumir nuestra responsabilidad y en evitar seguir contagiándonos con el aislamiento, la distancia y los cuidados sanitarios.

-¿Cuál de los desarrollos de vacunas que hemos conocido últimamente le genera más esperanzas?
-A mí me tiene interesado un programa de vacunas que están desarrollando en China y que pasó a fase dos, es decir, que están probando en seres humanos. Tenemos que entender que este proceso es largo y debe pasar por una etapa en que comprobemos su efectividad en animales, luego en humanos, que no tenga efectos secundarios y adversos y luego que comience su comercialización.

-¿Quiere decir que puede demorarse en llegar a Chile?
-Obviamente que el país que logre desarrollarla primero va a vacunar a su población y luego establecerá la manera en que la comercializará y cómo la entregará a más de siete mil millones de habitantes que tiene el mundo.

-Usted llamó la atención esta semana para que las personas asistieran a los centros asistenciales a atenderse otras enfermedades, seguir tratamientos. ¿La gente no está yendo a los consultorios?
-Estimamos que estas atenciones han bajado en 25%, es evidente que hay un grupo de la población que está evitando asistir a las consultas o centros de asistencia primaria por temor a contagiarse, cuando en esos lugares no se atienden casos de Covid-19. Las posibilidades de que peligre la vida de una persona de 50 años que va a atenderse un nódulo en el pecho que podría ser cancerígeno son nulas, es más peligroso que no se atienda ese nódulo. Una persona que está en tratamiento siquiátrico no debe dejar de asistir a sus consultas ni dejar de ir a buscar sus remedios.

-¿Teme contagiarse?
-Yo me voy a contagiar, todos nos vamos a contagiar en algún momento.

-¿Y qué ocurre cuando no hay ministro de Salud?
-Nada, tendré que entrar en cuarentena, haré teletrabajo y, por último, nadie es irreemplazable.

-¿Qué le preocupa más de esta situación que estamos pasando?
-Más allá del Covid-19, estamos en una coyuntura histórica en que necesitamos preguntarnos sobre nuestra identidad como nación. Esta pregunta se inició el 18 de octubre y creo que estamos ante la coyuntura más potente que hemos tenido en muchísimas décadas.

-¿Por qué?
-Vamos a salir del Covid-19, pero tenemos que pensar cómo va a ser el Chile del futuro. Es muy probable que experimentemos una regresión en nuestro desarrollo. El empobrecimiento del país va a ser terrible. Mi padre era vendedor viajero, yo estudié en un liceo público, estudié en una universidad pública y llegué a ser ministro de Estado. Llevamos cerca de 40 años en que la vida de los hijos es mejor que la de los padres. Por primera vez en muchísimos años tendremos que trabajar para evitar que la vida de nuestros hijos sea peor y no mejor que la nuestra.

-Mala mezcla: pandemia y crisis social...
-De esta pandemia vamos a salir y vamos a salir bien parados. Obviamente que algunas personas van a fallecer, otras van a pasar por el hospital, pero esta cosa tiene entrada y salida, durará un año, dos años. Llevamos siete meses de incertidumbre extrema. Tenemos que cuidarnos, porque esta crisis social es inédita y muy especial.

-¿Alguna idea de lo que habría que hacer?
-Creo que si no llegamos a un acuerdo social y político entre todos, la situación será muy riesgosa.

-¿Ha tenido esta crisis algún efecto en su vida personal?
-Duermo cuatro horas, pero lo más duro ha sido que hace tres meses que no veo a mi esposa porque ella tiene trasplante de un pulmón y el otro funciona muy escasamente. La posibilidad que yo la contagiara solo puede ser fatal, así que en febrero decidimos separarnos y no la he visto desde entonces. En ese momento uno no podía imaginarse que íbamos a estar con este nivel de contagios, hospitalizaciones, muertes y aislamiento.

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