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Cómo lograr la concentración justa de cloro para limpiar

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Cómo lograr la concentración justa de cloro para limpiar
Entre marzo y abril del año pasado se reportaron 265 casos de intoxicación por cloro. Según el Centro de Información Toxicológica de la Universidad Católica (Cituc), en el mismo periodo este año la cifra se disparó y se registraron 435 casos.

Obviamente que la pandemia y el afán de mantener todo inmaculado ayudan a que el popular desinfectante esté viviendo su momento de mayor fama y se encuentre presente en la mayoría de las viviendas. Un auge que también ha acarreado algunas dificultades añadidas.

"La gente no usa correctamente el cloro porque lo concentra mucho", dice Juan Carlos Ríos, director del Cituc. La concentración es el porcentaje de hipoclorito de sodio por cada litro de diluyente que trae el producto de fábrica.

"No todos los cloros que se venden en el supermercado tienen la misma concentración", explica el doctor Ríos. Los más comunes son los que tienen 4,9% ó 5% de concentración, aunque hay otros, por ejemplo, que tienen 2,6%, lo que significa que el cloro está más diluido. Está información puede verse en la parte de atrás del envase, donde aparece la fórmula del producto y dice, por ejemplo, "Hipoclorito de sodio 5%".

¿Qué tiene que ver esto con el coronavirus? "Se ha determinado que la concentración de cloro que destruye el virus va de 0,05 % a 0,1 %. Por tanto, no es necesario usarlo al 5%, uno puede diluirlo", señala.

El Cituc realizó un cálculo para saber cuánto cloro hay que echar en un litro de agua para lograr el 0,1% necesario (ver tabla). "Uno toma 20 ml de un cloro de 4,9% a 5%, y le echa un litro de agua", ejemplifica el doctor. Ese acto arroja una solución con 0,09% de cloro, que está dentro del parámetro necesario para protegerse del virus.

Pero hay un procedimiento más preciso. "En una botella uno coloca los 20 ml de cloro y rellena el resto con agua, hasta llegar a un litro. Ahí le queda exacto 0,1% de concentración", asegura.

Las medidas en ml se pueden traducir a cucharadas soperas, que habitualmente contienen 15 ml, aunque eso depende del diseño de la cuchara, advierte el doctor Ríos. "En esto las medidas son aproximadas. Si se pasa un poquito no sucede nada", aclara.

Además de un asunto de salud, esta práctica también ayuda a economizan "Sin diluirlo estamos perdiendo producto y además dañamos las superficies, debido a que el cloro está más concentrado", destaca.

No hay que mezclarlo

Carla Toro, académica del departamento de Bioquímica Clínica e Inmunohematología de la Universidad de Talca, señala que el cloro por naturaleza es un reactivo irritante para la piel y las mucosas. "Al contacto con la piel pueden picar o arder las manos, la nariz y los ojos se ponen rojos. Si uno lo ingiere puede provocar nauseas, vómito o mareos", enumera.

"Al utilizarlo tal como viene en la presentación comercial sigue siendo irritante, por lo que hay que bajarle la concentración sin que pierda el poder desinfectante. Para eso debe hacerse el proceso de disolución", explica la profesional.

"¿Por qué bajarlo a un valor estimado de Porque de acuerdo a la instrucción del Ministerio de Salud, se establece esa concentración como suficiente para ejercer su función y no dañar la piel", agrega.

Aclara que este cálculo rige para cualquier tipo de cloro que se compra en el comercio establecido. "Se supone que todo el cloro que se vende en almacenes y supermercados tiene la certificación. Los que se venden a granel uno no puede saber, porque puede que la gente los altere", comenta.

Con el químico diluido correctamente se pueden limpiar distintos tipos de superficies. "Pisos, baños, mesones, las manillas de las puertas, cosas de metal, de madera. Nunca en personas ni en la ropa, menos en los alimentos", destaca. Una excepción es la lechuga ."Cuando se hace la desinfección de las lechugas se tienen que enjuagar bien", aclara Toro.

El doctor Ríos agrega que tampoco es recomendable usarlo para limpiar celulares o pantallas, ya que puede provocar daños. "Para eso es mejor el alcohol", sugiere.

Marcela Pezzani, directora de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad San Sebastián, advierte que juntar cloro con otros productos puede resultar contraproducente, ya que podrían originarse vapores tóxicos. "No debe mezclarse con otras sustancias limpiadoras, ácidos, vinagre, agua oxigenada, bicarbonato y amoniaco", señala.

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