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Traicioneros porotos granados hicieron sufrir a Cony Santa María

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Traicioneros porotos granados hicieron sufrir a Cony Santa María
Cuando está frente a las cámaras o entrevistando a alguien, Constanza Santa María es toda seguridad y tranquilidad. No duda ni le tiembla la voz para preguntar cosas puntudas. Pero todo ese aplomo profesional se va a las pailas cuando entra a la cocina. Eso se ha hecho más evidente en el último mes, ya que sin su nana Adriana, le ha tocado cocinar para sus dos hijos (Sophie, de 12 años, y Jan, de 9) y su hermano Rodrigo, quien está viviendo con ella. ¿El punto más bajo? Unos traicioneros porotos granados.

"Cuando niña yo cocinaba con mi mamá. Hacía queques y pie de limón y me quedaban bien. Después viviendo sola había platos que me quedaban bien, pero era matea, me ponía con la receta y la sacaba adelante, porque no tengo el don natural que tienen mi mamá y mi hermana (Antonia, actriz). Esto, 20 años atrás", recuerda.

-El salto en la cocina es desde ese tiempo a ahora.
-Sí, ha sido el tema más estresante de la cuarentena, lejos. Los fines de semana yo siempre cocino, pero bien de supervivencia y ahora me toca almuerzo y comida y eso es una dificultad suprema para mí.

-¿Pero ha avanzado algo?
-Para hacer el arroz ya no tengo que llamar a mi mamá para preguntarle si es una de arroz por dos de agua o dos de arroz por una de agua.

-¿Cuánto es?
-No poh, dos de agua por una de arroz, no me confundas.

-¿Cuál ha sido su punto más bajo en la cocina?
-Unos porotos granados. Llamé a mi hermana y mi mamá para preguntarles y, según yo, cumplí el pie de la letra con las instrucciones. Empecé a las 11 de la mañana, llamé a mi hermana cuatro veces durante el proceso y al final le dije "tú me dices que se van a ablandar y no se ablandan, no está pasando eso con una hora en el fuego". A las tres de la tarde dije "ya, es hora de almorzar".

-Hasta ahí no había problema.
-No. Los serví, vi que los probaron y hubo un silencio absoluto. Tenían mal olor, mal sabor, todo mal, pero yo era la autora así que empecé a comerlos. Los niños empezaron "mamá, ¿podemos no comerlos todos?" y yo les decía "no sean mañosos, estuve desde las 11 de la mañana haciendo los porotos", hasta que mi hermano me dice: "Lo siento, pero esto está incomible".

-Jajajá.
-Yo creo que se habían podrido porque estaban en una bolsa plástica y tenían un olor muy malo. Hice sofrito, después de preguntar qué era un sofrito, hice todo, pero era un gusto amargo. Ahí les dije "el que no quiere que no se los coma" y todos rápidamente dejaron la cuchara.

-¿Qué hizo ahí?
-Partí a hacer arroz con huevo, algo había que comer. Después de eso, nunca más porotos granados.

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