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Aníbal Mosa cuenta cómo armó su hotel hospital en Puerto Montt
Los hermanos Mosa, Aníbal (52), Fabiola (53) y Jack (56), cedieron sin costo para el Estado el hotel familiar que tienen en Puerto Montt. Son 77 habitaciones y 100 camas que dispone el Gran Hotel Vicente Costanera, las que ayudarán a evitar la propagación del covid-19. La semana pasada se firmó el documento que oficializa el traspaso del local al Servicio de Salud de Reloncaví. El edificio de cinco pisos ya fue adaptado por personal sanitario y este lunes debieran llegar los primeros pacientes contagiados que no requieran atención médica crítica como en un hospital.

Aníbal Mosa, presidente de Blanco y Negro, la concesionaria que controla a Colo Colo, explica desde su cuarentena voluntaria en Vitacura, que el aporte fue una idea de los tres hermanos, todos de origen sirio, quienes llegaron a la zona cuando niños. "Como familia estamos muy contentos, porque en esto tenemos que aportar todos", cuenta.

Jack, el hermano mayor que vive en Puerto Montt, fue el encargado de coordinar los detalles técnicos con el director del Servicio de Salud de Reloncaví, doctor Jorge Tagle (ver página 17). "Se firmó un documento en el que se entregaban las instalaciones completamente gratuitas", apunta el presidente de Colo Colo.

"Este es un préstamo entre abril y agosto porque dicen que estos cinco meses pueden ser los más complicados y los más graves. Y por eso mismo, si es necesario alargar el plazo, no tenemos ningún problema", agrega Aníbal Mosa.

Sobre los costos para mantener en funcionamiento el hotel, serán los Mosa Shmes quienes se harán cargo de los gastos. "Todos los servicios de luz, agua, gas, internet y calefacción no van a tener ningún costo para el Servicio de Salud y también los vamos a asumir. Hoy se necesitan recursos para otro tipo de cosas y no queremos que se destinen fondos a nosotros pudiendo entregarlos a más camas o más respiradores", dice el menor del clan Mosa, quien agrega que a sugerencia de la familia se acordó que solo dos funcionarios que trabajan en el hotel permanezcan activos durante estos cinco meses. "Tienen completamente el manejo para que el hotel no pueda parar en ningún momento, porque hay temas muy complicados como la calefacción, la iluminación, lo que tiene que ver con redes", agrega.

Según revela Jack Mosa, los gastos básicos del local "mensualmente son de entre 10 y 12 millones de pesos".

-¿Jack, en qué situación laboral quedaron sus trabajadores?
-A los trabajadores se les despidió por un tiempo y volverán a reincorporarse en septiembre. Se les mantuvo la antigüedad. Por ejemplo, si alguien llevaba diez años, se le pagó una parte y la otra parte se le recontrató manteniendo la antigüedad. Se les pagó una mitad y la otra mitad se les mantuvo. Ellos no perdieron la fuente de trabajo y no perdieron la secuencia.

-¿Y qué pasa entre abril y agosto?
-Ahí tienen el bono de cesantía, lo que pasa es que se les pagó una parte importante por el finiquito. Quedan cubiertos, no quedan en el aire.

Aníbal Mosa dice que el momento requiere que los empresarios y comerciantes hagan un esfuerzo y se unan a la causa. "Yo sé que hay muchos que lo están haciendo, pero necesitamos que estemos todos", afirma. O, como dice su hermano Jack, "situaciones extraordinarias requieren de esfuerzos extraordinarios: el Estado no es capaz de asumir solo esta lucha titánica por combatir esta enfermedad y tenemos que estar a la altura, colaborando con el máximo dentro de las posibilidades de cada uno".

-¿Cómo surge la idea de entregar el hotel, Jack?
-Cuando apreciamos lo que estaba pasando en países desarrollados como Italia, nos dimos cuenta que las camas serían infraestructura crítica. Vimos que los hoteles se sumaban a la infraestructura hospitalaria y fue nuestra respuesta inmediata.

Fabiola Mosa, que es instructora de yoga y dueña de una academia, reflexiona: "Mi impresión es que esto deberíamos hacer todos los chilenos, desde el Presidente hasta el que menos tiene, realmente tomar conciencia, porque lo que yo veo en este país es que estamos en una negación, porque pensamos que a mí no me va a pasar. Pero si no nos ponemos la mano en el bolsillo y asumimos que todos vamos a tener que compartir lo que tenemos, vamos a seguir así, ratoneando. El gesto que hicimos Aníbal, Jaco y yo, es bonito, pero es un deber, este es el momento de la verdad", dice.

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