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Por primera vez en dos años, entrada y salida de venezolanos virtualmente se igualan
“Fue sorpresivo, porque veíamos a Chile política y económicamente estable, y lo que pasó fue rápido, a diferencia de Venezuela, donde la crisis fue progresiva. En las dos primeras semanas no sabíamos qué hacer y estábamos asustados, porque mi esposo, que es el único que trabaja, no lo podía hacer, no cobraba su sueldo y no teníamos dinero. Ahora estamos analizando si nos vamos”.

Así resumió Karen Veroes (29) cómo ha vivido el estallido social, a partir del 18 de octubre. Luego de estar 28 días en Tacna, Perú, tramitando su Visa de Responsabilidad Democrática, la mujer obtuvo el documento el 23 de julio pasado para ingresar a Chile y radicarse en Concepción.

Su caso resume la realidad de miles de extranjeros y el impacto que ha generado en su permanencia en el país la actual crisis que casi completa tres meses. Un flujo del que recién se están obteniendo las primeras estadísticas y proyecciones por parte de autoridades y organizaciones de ayuda a migrantes.

Incluso venezolanos y colombianos, que son dos de las nacionalidades protagonistas de oleadas migratorias en la última década, registran inéditas cifras bajas y equiparadas.

Según estadísticas del Departamento de Extranjería y Migración (DEM) del Ministerio del Interior, en el caso de los venezolanos en noviembre, y por primera vez en casi dos años, prácticamente se equipararon entradas (8.498) y salidas (8.460). En el de los colombianos, por primera vez en el último año hubo más salidas (16.105) que ingresos (15.229).

Esto se suma a que en los primeros días de 2020 al menos 13 extranjeros, en su mayoría venezolanos y colombianos, fueron sorprendidos saliendo de Chile en forma ilegal por pasos no habilitados —cerca de campos minados— al norte de Arica, en dirección a Perú.

Para Álvaro Bellolio, jefe del DEM, en el caso de los venezolanos el efecto actual es comparable con su masivo arribo a mediados de 2019 al paso fronterizo Chacalluta y luego a las inmediaciones del consulado chileno en Tacna (Perú). Ahí, sus ingresos a Chile cayeron a niveles similares a los actuales, luego que desde el sábado 22 de junio pasado se les exigiera una visa.

“Considero que en abril de este año, cuando se cumplan seis meses del estallido social —y plazo máximo de vigencia de visas para permanecer en Chile—, tendremos mayores certezas sobre el flujo migratorio y su comportamiento”, añade Bellolio.

A nivel más global, entre enero y septiembre de 2019, 451 mil extranjeros entraban al país —en promedio— al mes. Desde octubre, esa media bajó a 385 mil.

El director nacional del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), José Tomás Vicuña, dijo que, “en general, tanto la decisión de migrar como de salir del país toma tiempo. En la encuesta Voces Migrantes, más del 70% de las personas migrantes señaló que se quedaría en la misma ciudad si perdía el empleo”.

Mientras que el exdirector de Extranjería Rodrigo Sandoval agrega que hay que distinguir entre personas que vienen a radicarse de los flujos transitorios, como extranjeros que se abstienen de viajar por turismo —como ha sido el caso de brasileños a la zona central y a San Pedro de Atacama— y los que ingresan por actividades económicas. “Pero el impacto es evidente e importante. No se puede esconder esa baja que está asociada a la temperatura social en Chile”, dice.

Los extranjeros que han registrado más salidas que ingresos desde octubre han sido bolivianos, peruanos, colombianos, brasileños y uruguayos.

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