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Administradores de edificios cuentan que hay poco interés por alquilar estos espacios
Con gran parte de las fiestas y shows pirotécnicos de Año Nuevo suspendidos, parece haber poco ánimo para recibir el 2020.

Es al menos lo que se está viendo en muchas comunidades de edificios, que el año pasado en esta fecha tenían gran parte los quinchos reservados para juntarse con amigos y familiares a esperar los fuegos artificiales. A más de un mes del estallido social y con toda la incertidumbre de lo que pueda pasar, las reservas por ocupar los espacios de asados y esparcimiento se redujeron prácticamente a la mitad.

"Las reservas han andado muy lentas, hemos recibido muy pocas. En algunos edificios de los que administramos no ha habido ninguna y en otros hay poco interés", cuenta el administrador miembro de la plataforma Edifito.com, Darío Ureta, de Ureta Administradores, quien tiene a cargo 12 comunidades en Santiago Centro, Providencia, Ñuñoa y Las Condes.

Los residentes suelen empezar a reservar estos espacios desde mediados de noviembre ya que se asignan por orden de llegada. Algunas comunidades los prestan de forma gratuita, pero entre las que cobran, el promedio es de $19.534 por turno. Se asignan por cuatro a seis horas, ya sea para el horario de almuerzo o de tarde/noche, y los más costosos pueden llegar a los $80.000 en la comuna de Las Condes, cuenta Guillermo Márquez, gerente de Tecnología de Edifito.com.

Se suelen alquilar con anticipación porque son pocos espacios para un gran número de residentes. En general hay entre tres a cuatro quinchos por comunidad y excepcionalmente cinco en las comunidades de edificios más grandes, dice Gonzalo Cabezas, gerente de Operaciones de la empresa administradora de edificios multifamily y de renta residencial Assetplan.

"Los que tienen mayor demanda son los que tienen buena vista hacia la Torre Entel o los que están bien en altura y se reservan con mucha anticipación, pero parece que la gente ahora anda en otra", cuenta Cabezas.

Si antes poco más del 30% de los quinchos estaban reservados a la fecha, ahora es casi nada.

"La gente no tiene expectativas de estar celebrando y si quiere celebrar quiere hacerlo de forma tranquila y muy en familia, según hemos conversado con algunos vecinos", detalla Ureta.

Cabeza agrega: "Los arrendatarios suelen consultar mucho por los espacios comunes para Año Nuevo. Ahora no ha habido aún tantas reservas para estas fechas. A modo de ejemplo, el año pasado registramos 35 arriendos de quinchos para un edificio de 125 departamentos, pero este año llevamos sólo 16 arriendos", asegura.

"No hay ánimo para fiestas parece", coincide el administrador José Torres, quien opera tres edificios cercanos a la Torre Entel.

"No llevamos ningún arriendo. En uno de los edificios se está pensando en liberar el pago para que quien quiera disponer de ellos, se está conversando con el comité de administración todavía", dice.

Adultos de duelo

Lo que está pasando con los quinchos no es algo extraño, comenta el sicólogo y docente de Sicología de la Universidad Autónoma, Víctor Cabrera, ya que es una consecuencia a lo que está viviendo la sociedad desde el 18 de octubre.

"Las personas están viviendo un duelo profundo que obedece a un cambio de algo, que ahora es en relación a lo que vivimos y el nivel de certidumbre al que se estaba acostumbrado. Si uno salía de la casa sabía que iba a volver bien, o que el local de la esquina iba a estar abierto. Hoy estamos todos en shock por no saber qué va a pasar mañana, estamos en vilo. Por eso se está buscando tener una Navidad y Año Nuevo más austero. Y va a costar restituir las confianzas", dice.

El neurobiólogo especialista en estrés e investigador del Centro de Neurobiología y Fisiopatología integrativa de la Universidad de Valparaíso, doctor Alexies Dagnino, afirma que esta contingencia y su impacto en cambios del comportamiento tiene un origen a nivel cerebral gatillado por el estrés.

"En el centro del cerebro está la zona de las amígdalas que controla nuestras emociones. Cuando hay estrés, se activa esta zona para poder responder a ella, generando hormonas como el cortisol, que es la relacionada al estrés. El miedo es lo primero que se activa, después hay dos tipos de comportamiento que aparecen que es el de luchar o escapar. Es lo que está ocurriendo en el cerebro de todos los chilenos: que andan medios nerviosos, ansiosos o impulsivos. Si siente miedo, la gente hace que la gente salga menos de su casa y tenga menos ganas de salir", detalla.

Cabrera agrega que esta situación de incertidumbre, desánimo y estrés afecta más a los adultos que a los jóvenes.

"Están mucho más afectados porque son los responsables de mantener a la familia y velar por ellos en el largo plazo. Hay mayor preocupación en no gastar en cosas que no sean necesarias como arrendar un quincho. Los jóvenes, en tanto, no tienen conciencia del peligro ni de la muerte, son más impulsivos, además que tienen más apoyo psicoemocional con sus pares", cuenta.

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