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Al tatuador Hans Ureta, de 26 años, le bastaron un par de piedras y una naranja para ahuyentar a los asaltantes que querían robarle e vehículo a una vecina embarazada de siete meses, en San Bernardo. Una cámara de vigilancia grabó el ataque de dos sujetos a una mujer que acababa de estacionar afuera de su casa. Ambos individuos se bajaron de un auto azul que merodeaba el sector: la encañonaron, la golpearon, le quitaron las llaves y la tiraron al suelo.

Hans vio todo eso a pocos metros, desde un paradero del Transantiago. En un momento de descuido de los asaltantes, atinó a enfrentarlos con lo que pilló en el suelo: piedras y una bendita naranja. Poco le importó que lo apuntaran con una pistola. Este es su relato.

"Vivo a la vuelta de la esquina, con mi mamá, su pareja, mi hijo de un año y siete meses y mi pareja. A la vecina la conocía de vista. A la pasada. Esa noche, cerca de las 22 horas, fui al paradero a esperar a mi polola, quien venia de un paseo de trabajo. Cuando estaban asaltando a la vecina no pude reaccionar antes. Quedé en shock. Los tipos la tomaron del pelo, la tiraron al suelo y le pegaron un cachazo en la cabeza. Sonó muy fuerte. Mientras la zamarreaban, sentí que un auto pasó muy cerca de mí. Quedé helado. Pero cuando sentí el grito de ayuda de ella, desperté. Ojalá hubiese reaccionado antes, pero no pude.

"Mientras me acercaba a los tipos pensaba en mis hermanas. Tengo tres y soy el menor. Me críe con puras mujeres. Además, tengo otras dos hijas: unas gemelas de nueve años. El asalto de la vecina fue como ver a una de ellas siendo golpeada. Acá en el sector se ven muchos asaltos. A mis hermanas siempre les digo que anden con cuidado, porque nadie presta ayuda en la calle. Siempre les pido que miren a todos lados antes de meterse a la casa con el vehículo.

"No puedo negar que me tupí cuando uno de los tipos me apuntó por primera vez. De hecho retrocedí y pensé: ya, cagué. El gallo estaba muy nervioso y me disparó, por así decirlo, pero de la pistola no salió nada. Ahí me di cuenta que era de mentira. Así que agarré lo primero que pillé, las piedras de suelo, y se las tiré una tras otra. Les intenté dar con lo que fuera. Les tiré también una naranja, que al parecer era de la niña, porque se le cayó del canguro de su polerón.

"Los tipos me gritaban puras ordinarieces. Uno me decía: no te metái, tal porcual. El que manejaba el auto de ellos le decía a sus compañeros: péguenle a ese huevón. Y el que me apuntaba me gritaba: ándate de acá, te voy a pegarun balazo. Al final le reventé los vidrios del auto en el que andaban. Los tipos se asustaron y arrancaron.

"Después, me acerqué donde mi vecina para ver cómo estaba. Me decía que estaba un poco más calmada. Al rato sonó la alarma vecinal y empezaron a llegar los vecinos poco a poco. Le dieron agua. La calmaron y llamaron al cuñado y a la pareja de ella. El cuñado llegó primero y se la llevó al hospital al tiro, porque como está embarazada se sentía mal, muy mal. El resto de los vecinos se encargó de cuidar el auto. ¿Si alcanzó a darme las gracias? No, porque estaba en shock todavía. Estaba muy agitada.

"Me ocurrió lo mismo el año pasado, también en San Bernardo. Tres tipos me intentaron robar el auto. Tenían pistolas y me reventaron los dos vidrios. Intentaron sacarme por la ventana del conductor, pero me alcancé a salir por la del copiloto con las llaves del auto. Ellos querían quitarme las llaves a toda costa. Tuve que enfrentarme a combos con los tipos. En una mano tenía las llaves; en la otra una manopla.

"Me tiraron piedras y quisieron pegarme con palos. Retrocedí y me alejé, pero nunca les di la espalda. Al final, no pudieron llevarse el auto. Grité por ayuda. Nadie me pescó. La gente pasaba al lado mío y no hacía nada. Los tipos solo atinaron a entrar de nuevo al auto y me robaron el celular y unos lentes ópticos.

"Mis vecinos ahora me dicen que soy un héroe, que soy valiente. Pero pienso que uno está en la obligación de gritar o ahuyentar cuando le piden ayuda. No digo que hay que meterse a pelear a combos contra los asaltantes, pero hay que hacer algo. No debemos hacernos los tontos y seguir caminando, porque esto le puede pasar a cualquiera: a nuestra familia o a uno mismo".

Poco después del asalto a la mujer embarazada, Carabineros detuvo a dos sospechosos, a los que también se les acusa de robar una bencinera durante aquella misma jornada. Tienen 23 y 17 años.

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