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Hace dos meses, un señor llegó a un cuartel de la PDI para decir que en la parcela que acababa de arrendar en Calera de Tango había encontrado los documentos que de seguro le pertenecían a los anteriores arrendatarios. Se trataba de una licencia de conducir y de una tarjeta de crédito que estaban a nombre de Natalia Guerra Jequier. Este buen ciudadano no tenía la más remota sospecha de que aquella mujer llevaba dos años prófuga por el delito de parricidio, luego de que un tribunal determinara que en abril de 2013 le había dado muerte a su hijo recién nacido a través de un retorcido ritual ordenado por el líder de una secta que se hacía llamar Antares de la Luz.
Detienen a Natalia Guerra Jequier
Ramón Castillo Gaete, el verdadero nombre de Antares, se quitaría la vida en una casa abandonada en Cusco, Perú, en mayo de 2013. La secta, a la que se le conocerla como Secta de Colliguay, terminaría con la mayoría de sus integrantes condenados por homicidio calificado (Natalia, por ser la madre de la criatura, fue condenada por parricidio). Cinco de ellos cumplirían su pena en libertad vigilada y solo dos lo harían con cárcel efectiva, entre ellos Natalia. Pero Natalia nunca se presentó a cumplir condena. Desde entonces, la Brigada de Investigaciones Policiales Especiales de la PDI (BIPE) la buscó por todos lados sin éxito, hasta que aparecieron los providenciales documentos de Calera de Tango.

El comisario Juan Pardo cuenta que gracias a ellos determinaron que la casa había sido arrendada a nombre de la pareja de Natalia y que tras seguirle la pista, supieron que se habían cambiado a otra parcela de 5.000 metros cuadrados ubicada en Isla de Maipo. Sin embargo, no podían llegar y entrar al domicilio si no tenían pruebas de que Natalia estaba adentro. "Y ella no salía nunca ni tampoco se asomaba", dice Pardo. "El único que salía era su pareja, quien a todos les decía que vivía solo.

Curiosamente cuando salía, quedaba la chimenea prendida, las luces prendidas... Era evidente que allí había alguien más". La pista que andaban buscando fue un papelito botado en el piso. Era una lista de compras de supermercado. Los policías la mandaron a peritar para comparar esa letra con algunos documentos que tenían de Natalia escritos con su puño y letra. "El perito dactilográfico determinó que había ciento por ciento de coincidencia", cuenta Pardo.

La mañana de este martes, un escuadrón de la PDI irrumpió en la parcela de Isla de Maipo. Cuando vio a los policías, Natalia Guerra trató escapar por la parte trasera de la casa. No llegó muy lejos. "Gritó que era inocente, que había sido inducida por Antares de la Luz, que ella no sabía lo que hacía", cuenta el comisario Pardo. Hecho curioso, en el proceso de investigación, la PDI descubrió que Natalia seguía practicando "un culto poco común, con reuniones periódicas con otras personas" , agrega Pardo, pero que no detectaron ningún delito. Natalia había sido condenada a cinco años y un día de prisión efectiva, a lo que se debe descontar el tiempo que estuvo en prisión preventiva. Quedó a disposición de Gendarmería.

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